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Soraya Pérez

Entrevista a Soraya Pérez, publicado en el número 2 de la Revista K
Fotografías: Vicente Paredes.

En un escenario donde los cuidados a domicilio están mayormente en manos del sector privado, la cooperativa Bihar propone un modelo alternativo basado en la comunidad y una atención integral. 

Soraya Pérez reflexiona sobre la importancia de fortalecer los lazos comunitarios, fomentar la colaboración entre sectores y priorizar el bienestar de las personas en el sistema de cuidados.

A pesar de su mala fama, existen pocas alternativas reales a los servicios que ofrecen las empresas privadas en el ámbito de los cuidados. Las familias vascas contratan sus servicios de forma masiva a pesar de su elevado coste y las continuas quejas por su calidad. Hablamos con Soraya Pérez de BIHAR, una cooperativa que se dedica al cuidado en domicilios, sobre el rol del sector privado en la necesaria transformación del actual sistema de cuidados y de posibles alternativas al modelo actual. ¿Qué echas en falta en el sistema de cuidados en Euskadi?

 

Creo que la reflexión es clave. Algo que suelo criticar en congresos y jornadas es que no hay suficiente espacio para reflexionar. Muchas veces, alguien del ámbito público presenta un nuevo programa o alguien del ámbito privado expone su metodología como si todo fuera perfecto. Es importante conocer esas experiencias, pero siempre me falta la reflexión: ¿cómo se aplican realmente estos modelos a la vida de las personas? También falta colaboración, y flexibilidad.

 

Nos enfrentamos a estructuras rígidas en la administración y en la sanidad, especialmente en Osakidetza y Servicios Sociales. Muchas veces, no se contemplan soluciones que se salgan del marco establecido, no por falta de voluntad, sino por falta de tiempo y recursos.

 

¿Qué cambios se necesitan para flexibilizar estas estructuras y adaptarlas mejor a las necesidades de las personas?

 

¿Qué cambios se necesitan para flexibilizar estas estructuras y adaptarlas mejor a las necesidades Yo como administración puedo tener una carta de servicios sociales maravillosa, pero si mi vecino no se hace cargo de mí y cuando ve que me pasa algo, no se involucra de alguna manera, difícilmente vamos a hacer que una sociedad valore los cuidados. El cuidado no puede limitarse a una carta de servicios donde cada persona recibe lo que necesita de manera transaccional sin involucrarse en una comunidad. No podemos limitarnos a decir “aquí tienes un servicio”; el cuidado debe considerar a la persona en su entorno. Hay que repensar cómo organizamos los servicios sociales y, en especial, los sociosanitarios. Debemos empezar a pensar en cómo cuidar vidas, no solo en cubrir necesidades. Para lograrlo, necesitamos un enfoque integral donde participen la administración, el tercer sector, la empresa privada y la comunidad. La empresa privada tiene un papel importante, pero no para marcar políticas públicas, sino para apoyarlas e ir todos de la mano.de las personas?

¿Es posible encontrar un equilibrio en la colaboración público-privada sin perder el enfoque de derechos?

 

Jamás defendería la privatización de los servicios sociales, ni mucho menos, ni de los servicios sanitarios, pero sí creo en la colaboración. La administración pública tiene la responsabilidad del cuidado, pero puede ofrecer un mejor servicio si se complementa con la empresa privada, el tercer sector y la comunidad. En el sector de los cuidados, el ámbito privado tiene mala fama, y en muchos casos de forma justificada.

 

Sin embargo, es evidente que la administración pública no puede asumir sola la responsabilidad del cuidado. La clave es aliarse con empresas que persigan los mismos objetivos.

 

Entonces, ¿qué alternativas tenemos?

 

Es fundamental recuperar esa conexión comunitaria, pero para ello se necesita flexibilidad y voluntad para cambiar la normativa. Ahora se exige un modelo de atención centrado en la persona, pero las inspecciones siguen aplicando normas rígidas que a veces no tienen sentido. Se sanciona si falta un 0,01% de personal de enfermería, sin preguntarse si esos minutos adicionales realmente mejorarían la vida de los residentes. La normativa debe adaptarse a la realidad y centrarse en el bienestar de las personas. 

 

También hay que dejar de ver los cuidados como una lista de servicios cerrados y empezar a considerar a las personas dentro de su comunidad. En las residencias, durante años hemos literalmente encerrado a la gente, y con la pandemia esto se intensificó. Se convirtieron en lugares cerrados donde solo entraban familiares y, muchas veces, ni siquiera ellos. Los vecinos, que antes formaban parte de la vida de una persona mayor, desaparecen en cuanto se entra en una residencia.

 

Esto ha creado una desconexión total con la comunidad, y la pandemia demostró que este modelo no funciona. Yo puedo buscarle a la mejor cuidadora del mundo (y con eso me refiero a aquella que mejor encaje con las necesidades y deseos de la persona a la que va a cuidar), pero si no cuento con el resto de la comunidad, no voy a poder hacerlo bien. De lo contrario, estaré fomentando que esa persona permanezca en su casa, sí, pero de una manera completamente aislada de la vida en comunidad. Eso es lo que les sucede a muchas personas mayores en situación de fragilidad. Y no hablo solo de quienes tienen demencias avanzadas: una simple fractura de cadera puede hacer que alguien no vuelva a caminar con normalidad, lo que le obliga a quedarse en casa.

 

El futuro de los cuidados está en el domicilio. La gente se quiere morir en su casa y tiene derecho a hacerlo con dignidad. Pero no a costa de todo. ¿Bihar aspira a ofrecer una alternativa?

 

El proyecto Bihar busca crear redes de cuidado comunitario. No queremos limitarnos a enviar una auxiliar a un domicilio; queremos tejer redes de apoyo que incluyan a la comunidad, las familias y los recursos locales. Y desde el inicio, entendimos que el futuro de los cuidados está en el domicilio. La gente se quiere morir en su casa y tiene derecho a hacerlo con dignidad. Pero esto no puede ocurrir a costa de todo. Cuidar en casa es una apuesta, y hoy en día es una apuesta arriesgada y muy sacrificada. Para empezar, porque socialmente no está reconocido. Tengo amigos que cuidan a sus madres en casa y son penalizados incluso por su círculo social. “Jo, ¿ya te vas?” —les dicen— “Ah, claro, tienes que pasar por casa de tu madre un rato…”, como si fuera un capricho o una carga, mientras los demás disfrutan de una comida sin preocupaciones. Además, el ritmo de vida actual lo complica todo. En mi caso, mi madre tiene Alzheimer desde hace diez años.

 

Durante siete años la mantuvimos en casa y, aunque ahora lleva tres en una residencia, a veces pienso: ¿cómo fuimos capaces de sostener aquello tanto tiempo? Porque, sinceramente, es un equilibrio muy frágil, un auténtico “tenderete”. El día que para la sociedad sea importante cuidar, ese día el cuidado tomará el protagonismo que yo creo que debe tener en una sociedad democrática y será mejor reconocido, profesionalmente y socialmente.

 

¿Cómo plantea un proyecto como Bihar integrar ese enfoque comunitario y ser sostenible?

 

Entendemos que, para recibir el apoyo de la comunidad y poder cuidar a las personas, también debemos aportar algo a esa comunidad. Está claro que, para que la comunidad realmente se involucre, debemos ofrecer algo que invite a participar, que genere interés y fomente la interacción. Por eso, estamos explorando varias líneas de negocio complementarias, buscando aquellas que sirvan como una “excusa” para que la gente entre y, a partir de ahí, poder ofrecer otras oportunidades. Nos parece interesante esta idea de establecer espacios de cuidado compartido, tanto a nivel físico como emocional. Espacios donde no se trate solo de “yo te cuido a ti”, sino de que ambos compartamos el cuidado, de que podamos pasar un rato juntos en una dinámica de apoyo mutuo, Para ello, estamos impulsando los Zaintza Guneak, espacios físicos donde las cuidadoras puedan reunirse, formarse y apoyarse mutuamente. Tenemos uno comenzando en Arrasate, que cambiaremos el local, y la idea es expandirlos geográficamente.

Cuidar en casa es una apuesta sacrificada y no está reconocido socialmente, se penaliza.

 

¿Cómo ayudan esos espacios a las cuidadoras?

 

Queremos que estos centros sean lugares donde las cuidadoras puedan encontrar apoyo, donde las familias tengan recursos y donde la comunidad pueda aprender a cuidarse. Un punto de encuentro para las cuidadoras, un espacio donde no se sientan solas y cuenten con las herramientas necesarias para hacer bien su trabajo. Al final, ellas entran en domicilios con realidades y familias muy distintas, y muchas veces con una formación básica. Por eso, este punto de encuentro busca brindarles apoyo, para que, aunque entren solas en un domicilio, lo hagan con una “mochila” llena de recursos y respaldo.

 

Pero también es un espacio pensado para las familias, lugares donde puedan desahogarse, recibir apoyo y compartir su experiencia con otros. Y lo mismo ocurre con la comunidad. Queremos que una parte del proyecto sea un espacio de cuidado compartido, un lugar donde las cuidadoras puedan apoyarse entre sí y también con la persona a la que cuidan. No se trata solo de ofrecer servicios como fisioterapia o máquinas de rehabilitación, sino de generar espacios donde el cuidado pueda ser una experiencia compartida.

¿Quién gestiona los Zaintza Guneak? ¿Se necesitan nuevos roles en la comunidad que conecten lo público, lo privado y lo comunitario?

 

Nos parece muy interesante la figura del conector comunitario, porque entendemos que yo no puedo atender una persona si no contemplo la comunidad en la que vive, no solo que la conozca, sino que la traccione, sea capaz de tejerla y ponerla a disposición de cada persona que que vamos a atender. Es una figura todavía emergente, pionera, poco explorada, poco formada. Una idea ambiciosa que tenemos a futuro es poder formar conectores comunitarios, lograr que el día de mañana sea una formación seria y reglada.

 

No se trata de un trabajador social tradicional que administra recursos desde una oficina. Es una persona que está en la calle, que conoce a los vecinos, que entiende la dinámica del barrio y que puede tejer redes. No queremos que Bihar se base en nuestras ideas preconcebidas, sino en las necesidades reales de la comunidad, que además son diferentes. Para ello, es crucial escuchar, aprender y adaptar el modelo en función de esa escucha, a través de esta figura.

 

Una idea ambiciosa que tenemos a futuro es poder formar conectores comunitarios de manera reglada.

 

¿Creéis que es fácil que este rol permee en las administraciones, empresas y comunidades vascas?

 

Nuestro modelo propone una alternativa más flexible, aunque caótica, en el buen sentido, y es probable que encontremos reticencias, porque el mayor reto es cambiar la mirada, es esa cultura, es salir de la silla de la oficina y empezar a ver a las personas como lo que son, parte de un ecosistema, de una comunidad. Nuestro enfoque parte de la idea de que las personas no son individuos aislados, sino parte de una comunidad. Una persona con Alzheimer no es solo él mismo, sino también su familia, su vecina que lo ha acompañado toda la vida, sus amigos. Si no facilitamos la continuidad de esas relaciones, terminamos confinando a la persona en su casa con una cuidadora que la saca a pasear, pero sin vida relacional real.

 

Al final la comunidad entendemos que es un apoyo para el servicio que nosotros queremos ofrecer. Yo no puedo cuidar bien a alguien en su casa si no cuento con los recursos que tiene su su comunidad que me van a ayudar a cuidarla mejor.

¿Puede una cooperativa integrada en la comunidad ser sostenible en el tiempo o puede acabar obligada a competir de la misma manera que el resto de empresas?

 

Creemos que el valor diferencial de Bihar será su enfoque en la vida de las personas. La mayoría de empresas de cuidados a domicilio son meros intermediarios. Nuestro modelo, en cambio, busca construir un plan de acompañamiento real, no solo prestar un servicio puntual. Nuestro modelo cooperativista por filosofía natural nos ayuda a entender el cuidado de esta manera integral.

 

Es cierto que actualmente el servicio puede parecer caro, porque no hay ayudas públicas suficientes. Pero en el futuro, las administraciones tendrán que adaptar sus políticas para financiar más el cuidado en domicilio, porque la gente ya no aceptará la residencia como única opción.

 

Nuestro modelo tiene dos pilares fundamentales: el bienestar de la persona cuidada y el de la cuidadora. Acompañar y dignificar el trabajo de las cuidadoras es clave para garantizar un servicio de calidad. Creemos que esta diferencia hará que Bihar sea una opción preferida frente a otras empresas del sector, por el enfoque integral y el valor comunitario. Recuperar ese valor comunitario no es tan difícil; creemos que solo hace falta ofrecer oportunidades para reencontrarnos con el cuidado.

 

Este país lleva el cuidado en sus entrañas. Hace 20 o 30 años, las comunidades se cuidaban mutuamente, hemos sido desviados.

 

¿Crees que lo hemos perdido?

 

Este país lleva el cuidado en sus entrañas. Hace 20 o 30 años, las comunidades se cuidaban mutuamente, y el modelo cooperativista es un ejemplo de ello también, pero poco a poco hemos sido desviados por otros caminos. La sociedad se ha ido orientando hacia la individualidad. Se ha promovido una especie de estoicismo mal entendido, donde parece que debemos aguantar solos, porque el éxito es algo personal, no colectivo.

 

Se nos ha enseñado que lo importante es brillar individualmente, alcanzar nuestros propios logros, sin importar los demás. Y, en el proceso, hemos creado nuevas necesidades artificiales, mientras hemos perdido otras esenciales, como la de hacernos cargo del otro. Antes, importabas tanto como tu vecino. Si él no estaba bien, tú tampoco lo estabas. Ahora, nos han acostumbrado a preocuparnos solo por nosotros mismos. Existe una banalización del malestar, una falta de acogida del sufrimiento. Tenemos miedo a ser cuidados porque sentimos que la sociedad no acoge nuestro dolor, no nos deja sufrir. Y, sin embargo, el sufrimiento es una parte natural de la vida.

 

La vida conlleva sufrimiento, en mayor o menor medida, y no se nos permite vivirlo con naturalidad. No se nos concede el privilegio de sentirlo y, a partir de ahí, transformarlo, crear algo nuevo.