Cuestión de tiempo
Artículo de Elena Tarifa, y Marta Junqué, publicado en el número 2 de la Revista K
Fotografías: Vicente Paredes.
La conciliación en 2003 era una quimera. En la obra coral “Malabaristas de la vida: mujeres, tiempos y trabajos” (VVAA, (Icaria editorial, 2003) se analizaba el fenómeno de la doble presencia de las mujeres en los ámbitos laborales y de cuidados, así como los graves costes que esto conlleva para su salud y bienestar, y se apuntaba la solución pasaba por una nueva organización social que pusiera el sostenimiento de la vida humana en el centro.
Más de 20 años después, y a pesar de los avances logrados en las dos últimas décadas, nos seguimos enfrentado al desafío de lograr una verdadera conciliación del tiempo laboral y personal, y que ésta sea igualitaria para hombres y mujeres. Así, todavía persisten brechas significativas que afectan principalmente a las mujeres y que tienen su origen en una organización del tiempo profundamente desequilibrada.
Es indudable que la conciliación entre la vida laboral y familiar sigue siendo un reto pendiente en Euskadi. Y esta conciliación tiene un claro sesgo de género: según datos del Ministerio de Igualdad, el 92% de las personas que abandonan su trabajo para cuidar a niños, mayores o personas enfermas son mujeres. En el caso de quienes optan por una jornada reducida para cuidar, el porcentaje alcanza el 93% (2).Desglose Euskadi?
Esta situación tiene graves consecuencias para las mujeres a lo largo de toda su vida profesional, penalizando su remuneración, su evolución y su ascenso laboral. A pesar de la creciente presencia de las mujeres en el mercado laboral remunerado, y tal y como reconocen Eurofound y el Instituto Europeo para la Igualdad de Género, “aunque la igualdad de género ha aumentado en la UE durante las últimas décadas, el ritmo del progreso ha sido lento”. La segregación por género en el mercado laboral, así como la división del trabajo por género en la sociedad, es una característica que persiste en casi todos los países.
Esto se refleja en la brecha salarial de género, que según un informe de Emakunde en 2021 en Euskadi se encuentra alrededor del 22%. Al ritmo actual, ClosinGap estima que se necesitarán 39 años más (hasta 2062) para cerrar completamente esta brecha entre hombres y mujeres. Por otra parte, la representación femenina en puestos de alta dirección y consejos de administración sigue siendo baja: según el EUSTAT, en 2023 sólo el 32,8% de los puestos directivos en grandes empresas estaban ocupados por mujeres (6).
Otros datos nada sorprendentes de la última encuesta de la asociación estatal Yo No Renuncio revelan que el 75% de las mujeres ha cambiado su trayectoria laboral al convertirse en madre y que 7 de cada 10 mujeres se sienten solas a la hora de criar a sus hijos por ser las responsables de su cuidado. Además, el 68% de las madres hubiera tenido más hijos si contara con medidas de conciliación que no penalizaran su salario.
Uno de los aspectos menos visibles, pero más preocupantes de esta desigualdad es la denominada pobreza de tiempo, que afecta de manera desproporcionada a las mujeres y que implica no disponer de tiempo suficiente para el descanso y el desarrollo personal tras cumplir con las obligaciones laborales y familiares. Las mujeres trabajadoras son las que sufren una mayor pobreza de tiempo, ya que tienen una doble carga (trabajo remunerado y no remunerado) y mucho mayor que los hombres.
Y es que, en los países industrializados y en desarrollo, las mujeres aún se encargan de gran parte del trabajo de cuidados, mientras que son pocos los hombres que reducen significativamente sus horas de trabajo remunerado para tomar parte en estas responsabilidades. Con datos de 2016 (Eurostat) las mujeres europeas dedican el doble del tiempo a los cuidados (no pagados) que los hombres: 16 horas más a la semana.
Esta gran diferencia en el reparto del tiempo de cuidados explica por qué la mayoría de los permisos de trabajo a tiempo parcial y teletrabajo los solicitan mujeres, por qué tienen menos tiempo libre o de ocio y por qué las mujeres trabajadoras se sienten más estresadas. Esto no representa solo un problema de igualdad, sino también tiene consecuencias en acceso a los recursos, en la salud (física y mental) y en el modelo productivo y social.
Estos desequilibrios tienen su origen en factores culturales y estructurales profundamente arraigados: por una parte, está la persistencia de roles de género tradicionales que asignan a las mujeres la mayor parte de las responsabilidades de cuidados y tareas domésticas; por otra, por un modelo de organización del trabajo que prioriza el presentismo y las largas jornadas, dificultando la conciliación. Además, es palpable la insuficiencia de servicios públicos de cuidado infantil y de personas dependientes, y la escasa armonización de los diferentes usos del tiempo, trabajo, escuela, comercio, servicios, ocio, etc., pero, sobre todo, por la falta de corresponsabilidad en el ámbito familiar y social, principalmente por parte de los hombres.
Todo ello configura un escenario en el que las mujeres efectivamente se ven obligadas a realizar malabarismos para compatibilizar trabajo, familia y vida personal, lo que repercute negativamente en su salud, desarrollo profesional y calidad de vida.
El derecho al tiempo es un concepto emergente que plantea la necesidad de garantizar que todas las personas puedan disponer libremente de tiempo suficiente para desarrollar sus proyectos vitales de forma plena y equilibrada.
Este derecho implica reconocer que el tiempo es un recurso fundamental para el bienestar y la realización personal, y que su distribución desigual es una fuente de inequidad social. Como señala Joan Francesc Pont Clemente, la capacidad de disponer del tiempo libremente ha sido siempre una fuente de desigualdad: unos tenían tiempo; otros no lo tenían.
Así, la búsqueda del reconocimiento formal del derecho al tiempo busca superar la lógica tradicional que reduce el tiempo a una mera mercancía, intercambiable por salario, en el ámbito laboral. En su lugar, propone una concepción más amplia que contemple las múltiples dimensiones de la vida: trabajo remunerado, cuidados, descanso, ocio, formación, participación social, etc.
Superar esta lógica ayudaría a promover la igualdad de género, al visibilizar y valorar el tiempo dedicado a los cuidados, tradicionalmente asumidos por las mujeres, y mejoraría la salud física y mental de las mujeres.
Contar con tiempo para la formación y el crecimiento personal también permitiría a las personas desarrollar todo su potencial y contribuiría al aumento de la productividad. Y por último, pero no menos importante, fortalecería la cohesión social: el tiempo para la participación cívica y comunitaria también es clave para construir sociedades más democráticas y solidarias.
Tradicionalmente, se han dividido las 24 horas del día en tres partes más o menos iguales: ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho de ocio. Sin embargo, este modelo ya no responde a las necesidades de la sociedad actual. Es momento de pasar del triángulo el rombo, incorporando los cuidados como una cuarta dimensión fundamental.
Así, el reconocimiento del derecho al tiempo implicaría pasar del tradicional “triángulo” a un nuevo “rombo del equilibrio vital” que incorpore también el tiempo para los cuidados. Este nuevo modelo reivindica un reparto más equitativo entre trabajo remunerado, cuidados, descanso y tiempo libre.
En definitiva, defender el derecho al tiempo significa apostar por este equilibrio vital, una sociedad más justa, saludable y sostenible e igualitaria, donde todas las personas puedan desarrollarse plenamente.
Ante los retos planteados, gobiernos, empresas y organizaciones sociales están comenzando a implementar diversas iniciativas para promover la conciliación y el derecho al tiempo. Se trata de las políticas del tiempo, es decir, políticas cuyo principal objetivo es mejorar los usos del tiempo y los horarios.
Históricamente estas políticas se empezaron a implementar en gobiernos locales, especialmente en Italia y Francia. Referencia Barcelona en el año 2000 se convirtió en el primer Ayuntamiento en tener políticas del tiempo y hacerlo desde una consellería propia. Pero no fue hasta el 2022, después de la pandemia, donde el valor del tiempo y de los cuidados se pusieron en el centro de muchas agendas políticas y sociales. Desde entonces, diversos gobiernos estatales, regionales y locales, han comenzado a reparar en políticas del tiempo.
Francia fue pionera en 2017 al aprobar una ley que reconoce el derecho de los trabajadores a no responder emails o llamadas fuera del horario laboral, la llamada “desconexión digital”.
Países como Islandia, Suecia o Japón están experimentando con la reducción de la jornada laboral, testando la semana laboral de 4 días, reportando mejoras en productividad y bienestar de las personas trabajadoras. Suecia también ofrece 480 días de permiso parental por hijo/a, de los cuales 90 están reservados para cada progenitor, de manera totalmente igualitaria, fomentando la corresponsabilidad.
En Catalunya, el programa TempsXCures de la Generalitat garantiza servicios de cuidados fuera del tiempo escolar, destinados a niños y niñas y adolescentes de 0 a 16 años con servicios de canguraje que se prestan por todo el territorio, a través de los entes locales, y que del 2021 al 2023 han ofrecido 526.206 actuaciones, liberando 32.404.163 horas a las familias en Catalunya. El programa Respir, impulsado por la Diputación de Barcelona, proporciona estancias temporales en residencias para personas mayores dependientes, permitiendo el descanso de sus cuidadores/ as habituales. Y el Pacto del tiempo de Barcelona busca el compromiso del Ayuntamiento, las organizaciones sociales y económicas (empresas, asociaciones, fundaciones, agentes sociales, colegios profesionales, redes, grupos, ...) para conseguir una organización social del tiempo más saludable, igualitaria, eficiente y sostenible.
En Bizkaia, existe la Red de empresas Denbbora , una iniciativa de colaboración público- privada, impulsada por el Ayuntamiento de Bilbao y la Diputación Foral de Bizkaia, para promover un cambio cultural en las organizaciones hacia una mejor gestión de los usos del tiempo, que facilite la conciliación y la corresponsabilidad en la vida laboral, familiar, personal y social.
A nivel estatal existe un Proyecto de Ley de Usos del Tiempo y Racionalización Horaria, anunciada por el Gobierno estatal. Esta ley debería abordar de manera integral los diversos aspectos que afectan a la organización del tiempo social, incluyendo la reducción de la jornada laboral, la promoción de horarios más racionales, el fomento de la corresponsabilidad en los cuidados y la garantía de servicios públicos de calidad. Sería la primera regulación del mundo en abordar estas cuestiones.
A nivel internacional existe la Declaración de Políticas del Tiempo, un compromiso firmado ya por más de 200 organizaciones internacionales para hacer avanzar el derecho al tiempo para todo el mundo a nivel mundial, que han firmado ya actores destacados a nivel internacional, como la Asociación Internacional de Investigación en Usos del Tiempo, el grupo de personas trabajadoras del Consejo Económico y Social Europeo, el Centro de Estudios Metropolitanos TUI Berlín, la Sociedad Europea por los Ritmos Biológicos o ciudades como Estrasburgo, Barcelona, Milán y Montevideo.
En conclusión, avanzar hacia el pleno reconocimiento del derecho al tiempo es un desafío complejo pero ineludible para construir una sociedad más igualitaria, así como más saludable y sostenible. Solo así podremos garantizar que todas las personas, independientemente de su género o condición familiar o social, puedan desarrollar plenamente sus capacidades y aspiraciones vitales y disfrutar de una vida equilibrada y satisfactoria.
Para lograrlo, es necesario generar espacios que ayuden a aunar los esfuerzos conjuntos de gobiernos, empresas y sociedad civil. Las políticas de tiempo, incluyendo medidas de conciliación de la vida laboral y privada, deben situarse en el centro de las agendas políticas y empresariales, reconociendo su centralidad para mejorar la salud, la igualdad, la productividad y la sostenibilidad de nuestras sociedades.
En definitiva, el camino hacia una verdadera conciliación y el reconocimiento del derecho al tiempo ha comenzado a andar, y los pasos que sigamos dando determinarán el futuro de nuestra sociedad. Es hora de repensar nuestra relación con el tiempo y construir un modelo social más justo, igualitario y equilibrado para todo el mundo.
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