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LOKARRIA

Nuevos roles profesionales para los cuidados comunitarios

Los desafíos en el ámbito sociosanitario han sido el punto de partida para el desarrollo de nuevos roles a nivel internacional que catalicen lo público, lo comunitario y lo privado. La conectora comunitaria, social bróker en los países anglosajones, o lokarria en euskera, es un concepto en construcción, que da lugar a diversas interpretaciones y definiciones, que hace referencia a esta labor de articulación e “institucionalización comunitaria” de los cuidados.

De manera extendida, suele referirse a la persona que desempeña un rol comunitario en el que vincula de forma activa los recursos existentes con las personas de la comunidad, es decir, se entiende como un nodo de integración y amplificación entre los recursos públicos, privados y comunitarios existentes. Si bien esta actividad es necesaria, y etimológicamente se define como conector (lotu), en el contexto actual es insuficiente.

 

Se trata de un rol generador de capital social en las comunidades en las que se enmarca, capaz de estructurar de alguna manera el auzolan y adaptarlo a la actualidad cuando éste no se da de manera orgánica.

 

El objetivo final de quien ocupa el rol es generar un cambio en la comunidad sobre la forma en la que se construye un nuevo sistema de cuidados. Un nuevo sistema que integra los servicios públicos, la actividad privada que está operando de manera formal e informal y la gran variedad de iniciativas comunitarias que normalmente permanecen ocultas. La puesta en marcha de este rol implica repensar la manera de entender cómo trabajar con la comunidad para que ésta sea un espacio inclusivo, acogedor y diverso, donde las personas en soledad no deseada, por el motivo que sea (envejecimiento, discapacidad…), puedan participar y contribuir como ciudadanas de pleno derecho.

La conectora comunitaria o lokarria no se limita a identificar y conectar los recursos en un momento dado, sino que facilita espacios de escucha y co-creación permanente para poder experimentar con nuevas soluciones que respondan en tiempo real a las necesidades y cambios en la comunidad. La conexión o mediación comunitaria aporta un profundo conocimiento del territorio y su labor no solo impacta en el ámbito individual, mejorando la calidad de vida de las personas con determinadas necesidades de atención, sino que también impulsa un cambio cultural en la sociedad, generando un mayor entendimiento de los problemas complejos, respeto hacia la diversidad del ecosistema y un modo de vida más comunitario.

 

Potenciar e impulsar este rol de manera estructural (formación, educación, financiación, reconocimiento) en todas las comunidades de Euskadi catalizaría los diferentes elementos pertenecientes a un nuevo sistema de cuidados. El conector comunitario desempeña un papel fundamental en el fortalecimiento y desarrollo de la comunidad desde un marco de innovación social por lo que ofrece una alternativa a la “privatización” de servicios públicos que tan malos resultados ha generado tanto en la calidad como en la buena gestión de recursos públicos (Fantova, 2024).

 

Entre los principales retos a los que se enfrenta esta nueva figura de innovación social, destaca la necesidad de demostrar su valor para todos los agentes del sistema: instituciones públicas, empresas y agentes sociales. En lugar de entenderlo como un nuevo competidor por los escasos recursos existentes, debe ser capaz de demostrar que amplifica el impacto de las iniciativas existentes. En este sentido, puede medirse el ahorro que genera respecto al sistema actual y atraer nuevas inversiones para iniciativas colaborativas.

 

Algunas entidades sociales y administraciones consideran que ya están desarrollando funciones similares a las del conector, y que esta figura es por lo tanto redundante. Por ello, es clave demostrar el valor añadido de esta figura en la práctica. El papel del conector propone adoptar un enfoque de innovación social en un ámbito donde, con las herramientas actuales disponibles, no se está logrando el impacto deseado. ALC acompaña diferentes procesos en los que se experimenta con esta figura en contextos y ámbitos muy diferentes (no solo el ámbito sociosanitario, también en los procesos de transición justa como es el caso de la mediación comunitaria).

Durante la elaboración de este trabajo, se han identificado varias ideas clave:

 

(1) El trabajo del conector/a contribuye a generar capital social y establece una clara premisa: está al servicio de la comunidad, no de las instituciones públicas, empresas o entidades sociales que prestan estos servicios. Muchos de los retos abordados a nivel comunitario (enfermedad avanzada, soledad no deseada, cuidados en el final de la vida, desinstitucionalización de determinados servicios) no encuentran fácilmente respuesta por parte de los servicios sanitarios, y por lo tanto, el apoyo de los demás sectores, ámbitos sociales y comunidad en su conjunto adquiere una gran relevancia.

 

(2) Los nuevos roles comunitarios surgen como una pieza clave para garantizar una mayor conexión entre las iniciativas que impulsan las instituciones, empresas y organizaciones en el ámbito de los cuidados. El valor añadido de estos roles es promover nuevas capacidades para garantizar que existe una conexión permanente entre las percepciones de una determinada comunidad y las estrategias e intervenciones que se están desarrollando.

 

(3) Se ha identificado una dificultad muy importante a la hora de recoger información cualitativa que nos muestre los comportamientos y percepciones sociales. En general, existe dificultad para entender de una manera profunda las dinámicas sociales y cómo interactuar en ellas. Por ello, se ha consensuado que en próximos pasos se profundice en observar las distintas herramientas existentes para escuchar la diversidad de voces de un territorio y poder trabajar en la construcción de infraestructuras de cambio e innovación social que estén conectadas con las percepciones comunitarias.