Categoría Revista K

Con ellas también
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Con ellas también

Artículo de Sasha Correa, publicado en el número 1 de la Revista K
Imágenes: Vicente Paredes

La gastronomía vasca se proyecta al mundo como una bandera tejida a mano por mujeres, pero ondeada por hombres. La diversificación del talento en espacios de poder y representación sigue siendo un sonrojante pendiente, mientras que en las aulas de estudio el talento, las expectativas y las conjugaciones de la gastronomía se diversifican.

 

–¡Aquí mandan mujeres! ¡De toda la vida!

…desplumando ingenio y liderazgo, conjugando recetas, resolviendo menús contra el reloj; improvisando, adaptando elaboraciones y dando respuestas creativas al qué hay para comer hoy… las mujeres se lucen.

Pero a casa.

Amonas y las amatxus mantienen vivo un legado trasegado de generación en generación. Dentro de cierto imaginario colectivo, son reconocidas la voluntad forjada en hierro y al pie del fogón con la que resguardan la herencia que configura la nación gastronómica que tanto enorgullece a quienes habitan este territorio. En la cocina del hogar se han refugiado durante siglos, con margen de movimiento para organizar las cosas a su manera y para, ejerciendo un mando que si bien no es siempre elegido, las hace fuertes: si el otro no come (en este caso de su mano) no trabaja y, por tanto, las necesitan.

“Sin ellas, no estaríamos aquí”: consigna recurrente en palabras de hombres como los que seguidamente dan la cara por la conjugación de elementos que hace de este lugar una cuna singular de talento culinario, fuente de tradición, innovación y vanguardia.

 

Que a boca llena se diga que el País Vasco es un matriarcado, a cocineras como Amaia Ortuzar les llena de asombro. El ¿poder? que se le reconoce a muchas mujeres se restringe a una responsabilidad que todavía se da por sentada; a una carga asociada a cuidados básicos sin dueño, pero sí con género recurrente, asumida históricamente por mujeres –¿si no quién?–, a sabiendas de que sin verdadera autoridad y prestigio; sin capital económico, político y social, sin igualdad de acceso y oportunidades, el supuesto dominio de las mujeres difícilmente corresponde con la utopía del matriarcado, por más cariño y agradecimiento que reciban a cambio. La gastronomía vasca, en ese sentido, se proyecta al mundo como una bandera tejida a mano por mujeres, pero ondeada públicamente por hombres

“En el paleolítico quizá habría matriarcado”, añade Ortuzar. “Que las mujeres vascas tengamos fama de carácter fuerte o seamos manduconas quizá sea cierto, pero… ¿matriarcado? No lo veo. En gastronomía no somos muchas y es complicado. La costumbre sigue siendo que las mujeres nos dediquemos a la familia y no siempre es compatible con trabajar en la hostelería; si no es por la ayuda de abuelas o de gente de la que uno va tirando, no se puede. Un hombre ni se plantea estas cosas, ellos hacen las horas que hagan falta, pero “donde el trabajo se paga”, refiere quien ha impulsado el Ganbara, en la parte vieja de Donosti, desde 1984. “Cuando me llaman dama de la gastronomía vasca, me parece como de broma. Pero soy optimista, las nuevas generaciones están dando caña”, añade complacida de saberse rodeada por gente talentosa, entre la que incluye a Rebeca Baraika (Galerna), Nagore Irazulegi (Baskoak), Cynthia Yaber (Arzak), Eva Arguiñano, Maider Larrañaga (Arteaga Landetxea), Jaione, Oihana y Maialen Gaincerain (sidrería Zelaia), Arantza Ayala (Laia), Bella Bowring (Gerald’s), Estela Velasco (Kokotxa), Ane Lore (R), Maite Mujika (Zazpi) o Cynthia Pereira (Arenales), entre otras.

 

Tatus Fombellida, que tanto ha sido “la primera o la única mujer en” respeta la tradición y no se pelea demasiado con ella, incluso frente a paradojas como que existan sociedades gastronómicas donde la mujer ni puede cocinar ni ser socia. Son lógicas de otra época, cree, “y es lo que hay”. Le da valor al acervo cultural enraizado aquí, sin sentirse nunca extraterrestre en tierra de hombres, sino lo contrario: plena, contenta y satisfecha con haberlo darlo todo en eso que tanto disfrutaba, como era ocuparse del mundo de la sala, orgullosa de ser una gran perfeccionista y hasta “romántica”. Recuerda haberse sumado a las filas de la Nueva Cocina Vasca como consecuencia de que invitaran a su padre Antonio Fombellida (de Panier Fleuri, en Rentería) a las reuniones donde se gestaron valores transformadores para la época, “en favor sobre todo de que se compartiera el conocimiento”. “Un día él no pudo ir y me mandó a mí: me gustó tanto que seguí participando y fue una experiencia magnífica”, cuenta la otrora capitana de su propio Panier Fleuri, en Donosti. La ausencia de chicas en cocina es entendible, considera, “es realmente complicado, aunque en el País Vasco se veía sobre todo a mujeres en las salas de los restaurantes. De Burgos para abajo, esto estaba mal visto”.

Diversidad que mola

“Las mujeres son buenas cocineras, pero no buenas chefs”, declaró el icono de la cocina francesa Paul Bocuse a la revista People en 1976, para luego añadir, en 1993: “Las mujeres cocinan como nosotros en nuestros inicios. Ellas hacen la cocina que las mamás transmiten a sus hijos y a sus nietos”. Décadas más tarde, entre la veintena de proyectos con distinción Michelin en el País Vasco, donde la Nouvelle cuisine de Bocuse inspiró a la Nueva Cocina Vasca, cuesta encontrar a mujeres. ¿Dos, quizá?. Elena Arzak. Y Zuriñe García, jefa de cocina en Andra Mari, aunque el relato oficial del establecimiento reza: “Hoy es Roberto Asúa –hijo de Patxi– quien guía el diario transcurrir del Andra Mari”. Pero no es una excepción. En el estado español los restaurantes con estrella Michelin dirigidos por una mujer no superan el 10%. La salida de Carme Ruscalleda dejó a los tres estrellas (que hoy son 15) en manos de un mismo género, lo que sorprende en medio de un acuciante reclamo colectivo.

 

“Euskadi luce un cielo lleno de estrellas Michelin”, titulaba la redacción de la COPE en Bilbao la noticia con la que, en noviembre de 2023, destacaba la posición de la comunidad vasca. “La hija de Arzak se ha referido a la brecha de género que existe en la alta cocina. Admite no sentirse desplazada como mujer, pero insiste en que sigue siendo una dificultad: “Hay una realidad que es que somos minoría, pero hay nuevas generaciones de mujeres que vienen por detrás pisando fuerte”, añade la nota, donde la chef que hoy sostiene las distinciones del restaurante otrora encumbrado por Juan Mari Arzak y cuyos méritos propios son todo menos cuestionables, aparece como “hija de” cosa que a jóvenes como Alejandra Antón les resulta molesto. Asistir de forma digital a la gala Michelín le revolvió la cabeza: “Veía aquello y pensaba, wow, solo hay chicos. Sentía frustración, viendo como las pocas mujeres que aparecían son, de alguna manera, esposas de, hijas de… Pero me llenaba de motivación pensar que en el futuro pudiera llegar yo a estar en algo así, ganando espacios propios no sólo por los premios como tal, sino porque aportar referentes es importantísimo”.

 

El patronato de su casa de estudios, el Basque Culinary Center, de donde se graduará en Gastronomía y Artes Culinarias, resulta igualmente llamativo. Fundado en Donosti en 2009, sigue incluyendo solamente a hombres entre los cocineros vascos que integran esta instancia de dirigencia (con la excepción de Elena Arzak): Pedro Subijana, Karlos Arguiñano, Eneko Atxa, Hilario Arbelaitz, Diego Guerrero y Martín Berasategui, además de Juan Mari Arzak y Andoni Luis Aduriz como fundadores.

 

“Parece que hubiera ámbitos solo para mujeres, como si fuéramos una clase aparte, y luego espacios normales, reales, donde el chef es hombre”, añade Alejandra.

 

En octubre de 2023, asistió como alumna a Gastronomika, a donde solía ir con sus padres (a cargo de La Chistera, en Soria): “Para mí era el evento del año. Ahora siento tristeza cuando el auditorio se llena con ponentes famosos (los mismos de siempre) y se vacía cuando expone gente joven. Hay tan poca diversidad… Cuando fui, solo vi a Elena Arzak y esto no corresponde con lo que muestran las aulas en las que estudio, donde nos repartimos hombres y mujeres a partes bastante iguales y nos reconocemos de tú a tú. Se ha quedado un poco oldschool al no representar otras inquietudes o vínculos con la gastronomía”. Sus compañeros de clase le preguntaron a quién hubiera incluido en el programa de Gastronomika de haber podido: “No tenía tantas respuestas como me habría gustado”, confiere reconociendo que prefiere no opinar en público sobre estos temas, pues se ha vuelto demasiado sensible: “Se tacha fácilmente a la gente, pero es verdad que arrastramos la estela culinaria de un movimiento 100% hombres, que viene de la Nueva Cocina Vasca y elBulli. Cuando hablamos de gastronomía, sin embargo, el cuadro de personajes cambia”, apunta entusiasmada: “La gastronomía como tal es diversa y la diversidad mola mucho”.

Ampliar la mirada

 “La mirada no es una percepción física sino semántica; lo que se construye a través del significado que se da a las cosas, por medio de percepciones sobre qué es adecuado, qué tiene valor, qué es grande, qué es pequeño, qué resulta inadecuado, valioso, importante, etc. Es un mecanismo básico para articular el mundo, para ordenarlo, para entenderlo” (Goikoetxea, Lujanbio, Rodriguez, Garai; 2020).

 

Entrenar la mirada para percibir distinto, interpretar y significar de otra manera es parte de la discusión sobre perspectivas de género. Y esto, en gastronomía, pasa por diversificar cómo se valora la creatividad, qué entendemos por influencia o por “prestigio o impacto”, sobre todo si entendemos que la gastronomía es un ecosistema donde interactúan profesiones y perspectivas diversas entre las cuales el fine dining es apenas una pequeña atalaya. Trascender los marcos tradicionales de reconocimiento es parte del proceso, como comparte el escritor Harkaitz Cano, para quien, si un referente con fuerza para legitimar no hace bien su trabajo, tendrá que hacerlo otro. Sin excusas. Ni siquiera aquella que reza “es que no hay”, cada vez que alguien pregunta, por qué no hay mujeres “influyentes” ni en este, ni aquél y ni ese otro espacio de poder, debate o exposición.

 

Con facilidad, el feminismo se (mal) entiende como una cosa de mujeres, por y para mujeres. La sola mención feminismo asusta o aburre, a pesar del sentido que tiene abordarlo como causa colectiva en pro de la igualdad.

 

“Entiendo que el papel de la mujer en este respecto es distinto, pero nos implica a todos”, refiere Harkaitz Cano, desde una perspectiva en principio de outsider, pero no tanto: imposible no salpicarse de gastronomía en el País Vasco.

 

“En literatura no vamos tan mal: no porque estemos bien, sino porque somos cada vez más conscientes de la brecha que ha habido, la que hay y de cuánto hay por hacer”. En 2017, la Bienal Internacional de Arquitectura de Euskadi Mugak convocó en el Palacio Miramar a cuatro escritores para hablar sobre “la ciudad”: Bernardo Atxaga, Fernando Savater, Harkaitz Cano y Ramon Saizarbitoria. El autor de Twist preguntó porqué no había mujeres en el panel. Le dijeron que lo estaban intentando y sin embargo: “Terminamos siendo cuatro señores hablando de arquitectura y literatura, algo transversal que interesa a todos. No me hizo sentido, más bien fue esclarecedor, un antes y un después. Ahora creo que lo mejor es no ir, apartarnos o escuchar según el caso. Dejar tu sitio de privilegio, dar nombres de otras personas que pueden cumplir mejor la función en ese momento. O ir en modo de escucha. Todos tenemos nuestro ego, pero quizá haya que hacer un ejercicio para notar los privilegios que hemos gozado y contribuir con cambios”, comenta sabiendo que no es sencillo. “Posiblemente haya que ser menos amable y más contundente”.

 

“Si un ente no ha conseguido paridad en 2023, en un mundo global con tantos restaurantes, cocineros y cocineras, estando todos al corriente de todo, interconectados y con acceso brutal igual la labor no se ha hecho tan bien”. La paridad debería estar naturalizada: “y si al principio cuesta, habrá que esforzarse”, reparte el escritor, para quien resulta fundamental asegurar referentes que reflejen distintas posibilidades e inspiren a quienes se desarrollan en cualquier carrera.

 

Y aquí una confesión de parte: trabajo en Gastronomía desde hace casi 20 años, viendo muy de cerca los entresijos que se cuecen alrededor de la alta cocina en distintos países del mundo. Escuchando a Harkaitz, me pregunto: ¿Qué pasaría si “los chefs” dejaran de participar o avalar eventos que no estén balanceados o si contribuyeran con la inserción de otros talentos; si ampliaran los referentes o propusieran, activamente en su lugar, a mujeres como las que ciertamente hay, pero no se conocen o manejan otro tipo de lenguaje culinario? Alguna placa tectónica ya se movería… La ausencia de mujeres, en cualquier caso, no se resuelve sola. Y las cuotas, que si bien empujan porquesí, traen a veces consigo el problema de la tokenización: ¿o acaso contar con una mujer en medio de ocho señores resuelve el asunto? Tatus Fembellida nunca dudó de su talante y sin embargo dice: “cuando empezaron a buscar a “mujeres” para completar paneles, me entró la duda”. Lo mismo han experimentado Amaia Ortuzar y Alejandra Antón, quien cuenta: “En un concurso de Arcos para alumnos de BCC, participamos unos 10 chicos y 3 chicas, entre las cuales solo yo llegué a la final. ¿Estoy aquí porque realmente lo hice bien o porque la marca necesitaba una chica?, pensé. Sé de dónde vengo y valoro mi trayecto, pero me vi confundida. Todo esto nos genera más inseguridades”, lamenta como consecuencia de sentirse vista como mujer y no como chef.

 

“Si el objeto de las políticas públicas fuese realmente dar poder a las mujeres a impulsar la desfamiliarización, se daría mayor autoridad, prestigio y capital económico a las mujeres. La igualdad no sucede, hay que establecerla. (Goikotxea, et al., 2020).

Mujeres universales

Dar de comer a la familia es tarea de mujeres hasta que hay público delante. La cocina, como la costura o la peluquería, son cosas de chicas hasta que se convierten en algo más, y entonces hablamos de alta cocina, alta costura o de estilismo.

 

“Para cambiar estas costumbres hegemónicas es necesario modificar, de entrada, nuestra consideración hacia los asuntos gastronómicos y reconocer en ellos una cuestión de significación global y cotidiana, ética y política”, (Innerarity, D; Luis, A. 2012).

 

Pero no es fácil. A veces, todo cambia a lo Gatopardo, para que nada cambie y quizá por eso, si bien antes había solo cocineras (anónimas) ahora abunda lo contrario, dada la visibilidad adquirida por el fenómeno de la alta cocina, con sus flashes, premios y rankings. Cuando algo empieza a suponer dinero, poder o aplauso, aparecen ellos. Por tanto, además del reparto en el trabajo doméstico y el reto que supone la desfamiliarización del trabajo, la igualdad en el acceso a la notoriedad debe considerarse. Quienes hoy se forman con ilusión de insertarse en el sector de la gastronomía, o recién incursionan, merecen encontrar posibilidades para ser valorados más allá de los cánones con los que, en el pasado, se definió lo que era relevante, innovador o destacado. ¿Por qué tendrían acaso, las mujeres que han comenzado a multiplicarse en las aulas (o cualquiera) que acudir al lenguaje posesionado por hombres en las últimas décadas, pudiendo elegir qué tipo de cocina hacer o qué tipo de idioma hablar para conectar con audiencias que son distintas a las que cabalgaron los grandes de la vanguardia española que tanto rompieron esquemas para otrora proponer unos distintos, que hoy a su vez se pueden romper? Diversificar es preciso. Entender que la gastronomía no es sinónimo de alta cocina ni de cocina a secas debería venir asociado a la incorporación de talentos en marcos de representación desde la huerta a la mesa, con la libertad para convertir a la alimentación en un verbo declinado en plural.

 

Como suele decir la periodista Lakshmi Aguirre, “si la vida cambia, cambia la gastronomía”. En tiempos de enorme transformación, buscar en el presente a mujeres que encarnen los códigos de otra época, donde solo eran hombres los que se adiestraban en un estilo concreto, es tan absurdo como introducir a fuerza de Photoshop o IA a mujeres en postales blanco y negras. El presente espera ser conjugado de maneras que no seamos capaces de avecinar, proyectado desde miradas abiertas a talentos diversos, o a posibilidades que lleven a imaginar lo que no existe y a salir a buscarlo. O a ver con ojos despiertos lo que hasta ahora no se ha valorado de la misma forma. Parece, no obstante, que para que una mujer pueda siquiera atreverse, debe ser tan grande como Maialen Lujanbio, Garbiñe Muguruza o Elena Arzak. Todo o nada. Y son muy pocas las mujeres consideradas como seres universales, como referentes de toda una comunidad, quizá porque “las dificultades que encuentran en la esfera pú - blica no son textuales sino contextuales”, como advierte Uxue Alberdi, en Reverso (2021. Kontrako eztarritik, 2019): “un libro que sería sobre bertsolarismo –y no sobre mujeres y bertsolarismos– si las mujeres fuésemos seres universales”.

“No importa mucho qué postura adoptes como mujer, si te adentras en un territorio tradicionalmente masculino” decía la escritora y catedrática Mary Beard. Los mecanismos limitantes se activarán automáticamente. “Muchas mujeres públicas se tratan de espantar la palabra “mujer” como si fuese una “mosca borriquera” –añade Alberdi–, para que no las reduzcan a la categoría subordinada, porque prefieren ser un Shakespeare puro antes que una Woolf rabiosa” .

–¿Y quién no?

Artículo de Sasha Correa, publicado en el número 1 de la Revista K

 

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Gastronomía vasca: Entrevista al notario de la red
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Gastronomía vasca: Entrevista al notario de la red

Artículo de Dani Lasa, publicado en el número 0 de la Revista K
Imágenes: DALL·E 2 (OpenAI)

¿Cómo describe chatGPT la aportación de nuestra gastronomía a la sociedad?

 

En la sociedad de la información en la que vivimos es probable que el mayor confidente del individuo resulte ser durante gran parte de su tiempo su buscador predeterminado. A él acude cuando busca consejo. Y, la verdad, ha aprendido a confiar en este proveedor de respuestas, si bien aún elabora cierto ejercicio crítico para asegurarse de no formar parte de una cadena de bulos o información no contrastada, por lo que aún practica cierta función notarial sobre sus afirmaciones.

 

No obstante, parece ser que estos buscadores también se enfrentan a su ocaso como los habíamos conocido. Presenciamos el nacimiento de formas integradas de información que pueden llegar a generar conversaciones con motores de búsqueda y “optimizar” precisamente respuestas ofreciendo al internauta un material más ”curado”. Esta tecnología, la nueva revolución de la información, ofrecerá al ser humano respuestas detalladas sobre ilimitados temas aplicando la Inteligencia artificial. Promete utilizar K - #0 83 una narrativa coherente, rechazar solicitudes no apropiadas y analizar premisas inconsistentes. Desarrollado por humanos a partir del sinfín de datos de la red, utilizará algoritmos complejos para analizar millones de textos y tejer nuevas afirmaciones. Será a la vez nuestro Watson y nuestro Murakami virtual.

 

Sin embargo, parece haber partes a revisar en esta ecuación. Los algoritmos u operaciones matemáticas que gobiernan los protocolos del detective escritor integran un lenguaje con un principio binario muy simple. Y aceptémoslo, están tremendamente condicionados por la orientación de sus promotores; por sus aciertos y por sus errores. Hablamos por tanto de una arquitectura con cierto nivel de inconsistencia.

 

Aunque parezca mentira, existen empresas auditoras del algoritmo que pretenden precisamente evaluar la calidad o la validez de las respuestas ofrecidas por los motores de tratamiento de datos. Hoy, que muchas de las decisiones a escala global se toman a partir de estos algoritmos, debiera ser entendible que estuvieran sometidos a algún tipo de control. Aunque se nos haga difícil de creer, los gobiernos toman decisiones sobre la asignación de recursos públicos, la oferta de trabajo público, la asistencia a personas sin hogar o a menores en riesgo a través de la aplicación de algoritmos. En el sector privado de la salud, la planificación de recursos y el cribado de personas en urgencias se hace también habitualmente aplicando los mismos protocolos.

 

¿Y qué normas siguen estos algoritmos para decidir las respuestas? Pues parece ser que estas prácticas de auditoría no son habituales, por lo que el criterio o la linea editorial de estos motores obedece a órdenes que permanecen ocultos a nuestro conocimiento. Sin un mecanismo que demuestre la ingenuidad del algoritmo, el intercambio con la red debe entenderse como un salto de fe, la aceptación de una nueva doctrina. Y hoy, creer cuesta más.

 

Partiendo de esta premisa, hemos pedido a ChatGPT, un robot de inteligencia artificial, un microanálisis de los momentos clave que explican el nacimiento del ecosistema de la nueva cocina vasca, su evolución, y su posible transformación como agente de cambio en la recuperación de sistemas alimentarios prósperos, alineados con los objetivos de desarrollo sostenible.

 

Nosotros aún contamos con la ventaja de haber vivido muchos de los momentos a los que responde, si bien el futuro, como todos, lo imagina. Pero seguramente el algoritmo nos sobrevivirá sea cual sea su forma. Hoy podemos permitirnos hacerle apuntes, mañana es posible que alguna ley nos lo prohiba.

¿Qué factores hicieron posible que Euskadi se convirtiera entre finales del siglo XX y comienzos del XXI en una potencia gastronómica reconocida hasta estos días?

ChatGPT: El éxito del País Vasco como potencia gastronómica reconocida en todo el mundo en el período de finales del siglo XX y comienzos del XXI se debe a una combinación de factores humanos y naturales, entre los que cabe subrayar.

 

1) Creatividad e innovación culinaria: La cocina vasca siempre ha sido conocida por su creatividad e innovación en la elaboración de platos. Los chefs vascos han sido pioneros en la utilización de ingredientes locales y técnicas culinarias modernas para crear nuevas recetas y experiencias gastronómicas únicas.

 

2) Formación de los chefs: La formación de los chefs vascos resultó fundamental para el éxito de la cocina vasca. Muchos de los chefs de renombre pasaron por escuelas de cocina vascas de prestigio, como la Escuela de Hostelería de San Sebastián, que ofrecía una formación de alta calidad en técnicas culinarias y gestión de restaurantes.

 

3) Promoción turística: La promoción turística del País Vasco como destino gastronómico de primer nivel fue una estrategia clave para su éxito en este campo. Organismos públicos y privados trabajaron y siguen trabajando juntos para promover la gastronomía vasca, lo que ha llevado a un aumento del turismo culinario en la región.

 

4) Espíritu emprendedor: El espíritu emprendedor y la voluntad de asumir riesgos también han sido importantes para el éxito de la gastronomía vasca. Muchos chefs y empresarios locales han abierto restaurantes innovadores que han contribuido al reconocimiento internacional de la cocina vasca.

 

5) Trabajo en equipo: Por último, el trabajo en equipo entre los chefs, los productores locales y otros actores del sector gastronómico ha sido fundamental para el éxito de la cocina vasca. La colaboración y el apoyo mutuo han permitido a los chefs trabajar con ingredientes locales frescos y de alta calidad, lo que ha llevado a la creación de platos excepcionales.

 

En resumen, el éxito del País Vasco como potencia gastronómica reconocida en todo el mundo se debe a una combinación de factores humanos y naturales. La creatividad e innovación culinaria, la formación de los chefs, la promoción turística, el espíritu emprendedor y el trabajo en equipo han sido fundamentales para su éxito. Además, la riqueza de los recursos naturales del País Vasco, como su agricultura, ganadería y pesca, su geografía y su cultura, han sido aprovechados sabiamente por los actores del sector gastronómico de la región.

 

Dani Lasa: La constitución oficiosa de un gremio organizado o comunicado de profesionales acordó y sostuvo una apuesta por ser herramienta de desarrollo y secuencia kultural en Euskadi de una forma improvisa y desorganizada. Para ello se comprometieron a, 1) intentar desde su esencia hacer los platos tradicionales tal y como eran auténticamente, 2) buscar e investigar platos casi perdidos para introducirlos nuevamente al recetario actualizado vasco y finalmente, 3) ampliar el arte culinario vasco por medio de nuevas recetas, utilizando nuevos ingredientes del país que hasta entonces no se usaran en la cocina vasca.

 

Como meta principal, muy difícil, tenían poner a la cocina vasca entre las mejores del mundo ya que sabían que estaban reconocidas mundialmente como las mejores la china y la francesa. Y, sin soberbia, pensaban que la cocina vasca, tanto por su calidad como por su tradición, puede alcanzar similares metas.

¿Qué relación tiene la desaparición de la violencia de las calles con el desarrollo de la gastronomía vasca?

ChatGPT: La relación entre la desaparición de la violencia de las calles y el desarrollo de la gastronomía vasca es compleja y multifacética. Por un lado, la estabilidad política y social que ha experimentado el País Vasco desde la desaparición en gran medida de la violencia de la calle ha tenido un impacto positivo en el desarrollo de la gastronomía vasca, ya que ha creado un ambiente favorable para el crecimiento de la industria turística y gastronómica de la región.

 

Por otro lado, la gastronomía vasca también ha desempeñado un papel importante en la construcción de la identidad y el orgullo regional del País Vasco, y en la promoción de la diversidad cultural de la región. La gastronomía vasca ha sido vista como un elemento clave de la cultura y la tradición de la región, y ha sido utilizada como una herramienta para reforzar la identidad y la cohesión social en un contexto político y social complejo.

 

Además, también ha contribuido al fortalecimiento de la economía regional, especialmente en las zonas rurales, al promover la producción y el consumo de productos locales de alta calidad y al fomentar la creación de empleo en la industria alimentaria y turística.

 

En resumen, la resolución del problema político vasco ha tenido un impacto positivo en el desarrollo de la gastronomía vasca, al crear un ambiente favorable para el crecimiento de la industria turística y gastronómica. Al mismo tiempo, la gastronomía vasca ha sido utilizada como una herramienta para reforzar la identidad y la cohesión social en un contexto político y social complejo, y ha contribuido al fortalecimiento de la economía regional.

 

Dani Lasa: La desaparición de la violencia de las calles con lo que pueda tener de sinónimo con la llegada de la paz al país, se encontró con diferentes aliados para la reconstrucción social. De la misma forma en que esa desaparición pudo beneficiar al tejido de la industria gastronómica, el constructo de una identidad culinaria con sus gentes, productos y costumbres, hizo posible a la inversa que la paz encontrara un ejercicio cotidiano y de baja intensidad, donde cristalizar los gestos de la reconciliación. Solo como ejemplo, no solamente las sociedades gastronómicas sin adscripción aparente, sino las sedes de los propios partidos políticos contaban en cada localidad vasca con restaurantes más o menos afortunados abiertos al público: desde los batzokis hasta las casas del pueblo.

 

Son muchos los factores vinculados a la gastronomía, desde los históricos, los geográficos o los estrictamente vinculados a la tierra los que han conseguido que el fenómeno de la cocina vasca haya podido extenderse de la misma forma en la que se ha podido extender la mancha de la paz. Probablemente no se puedan entender la una sin la otra, de la misma forma en que intentar reproducir el efecto Guggenheim en otro lugar para revitalizar un espacio urbano en decadencia a través de la construcción de un museo de arte hubiera sido seguramente un fracaso sin tener en cuenta el tejido cultural y socioeconómico que lo hizo posible en Euskadi.

¿Cómo ha conseguido Euskadi llegar a tener una cadena de valor alimentaria tan bien valorada teniendo un balance comercial de alimentos tan desfavorable?

ChatGPT: El País Vasco ha conseguido desarrollar una cadena de valor alimentaria tan bien valorada debido a varios factores.

 

1) Valoración de la calidad: La cadena de valor alimentaria vasca se ha centrado en la producción de alimentos de alta calidad, lo que ha permitido a los productores obtener precios más altos y competir en el mercado internacional. La calidad y la excelencia de los productos vascos son reconocidas y valoradas en todo el mundo.

 

2) Innovación y creatividad: Los actores del sector alimentario vasco han sido innovadores y creativos en el desarrollo de nuevos productos y procesos, lo que ha permitido la diversificación de la oferta de alimentos y la adaptación a las tendencias y gustos del mercado. La creatividad e innovación en la gastronomía vasca también ha contribuido al reconocimiento y prestigio de la región.

 

3) Enfoque en la sostenibilidad: La cadena de valor alimentaria vasca se ha centrado en la sostenibilidad y el respeto por el medio ambiente, lo que ha permitido a los productores cumplir con las expectativas cada vez más exigentes de los consumidores. La sostenibilidad también ha permitido a los productores vascos destacar en el mercado internacional y acceder a clientes que valoran la responsabilidad social y ambiental.

 

4) Colaboración y trabajo en red: La colaboración entre los diferentes actores de la cadena de valor alimentaria vasca ha sido fundamental para su éxito. La cooperación y el trabajo en red entre los productores, procesadores, distribuidores y otros actores del sector han permitido la creación de sinergias y la promoción conjunta de los productos vascos en el mercado internacional.

 

En resumen, la cadena de valor alimentaria vasca ha conseguido desarrollar una marca y una reputación sólida gracias a su enfoque en la calidad, la innovación, la sostenibilidad y el trabajo en red. Aunque el balance comercial de alimentos del País Vasco es desfavorable, los productos vascos son valorados por su alta calidad y excelencia, lo que les permite competir en el mercado internacional y obtener precios más altos.

 

Dani Lasa: Si bien la valoración de un sistema alimentario no se realiza desde la imagen que proyectan los alimentos icónicos de un país, sí habla de la importancia que se le da en el debate público. No obstante, este debate público escasas veces se mantiene desde una postura comprometida, lo que hace que la ilusión y la realidad difícilmente se asemejen.

 

Lejos de los discursos complacientes, el encadenamiento de serios conflictos, constantes situaciones de inestabilidad, y sobre todo las evidentes implicaciones medioambientales de sistemas alimentarios desequilibrados, están trayendo al centro del debate la necesidad de abordar políticas que tengan en cuenta de forma más realista circuitos locales de producción y consumo de alimentos para garantizar una alimentación sana, nutritiva, con responsabilidad social, priorizando sistemas ecológicos, reduciendo el uso de productos químicos y respetando técnicas tradicionales (Marta Messa, Slow food). La agricultura de explotaciones más cercanas ofrece un producto más cercano, más fresco, protege la fauna local y contamina menos. Comer con nuestros hijos en la mesa compartiendo plato y conversación, sigue siendo una de las herramientas más subversivas para generar criterio en la política alimentaria doméstica, vital a escala global.

¿Qué modelo laboral ha sido el que ha dominado la industria de la alta cocina mundial durante los últimos 20 años?

ChatGPT: Durante los últimos 20 años, el modelo laboral que ha dominado la industria de la alta cocina mundial es el de la “brigada de cocina” o “brigada de chefs”, un sistema jerárquico de organización del trabajo en la cocina que se originó en la cocina francesa clásica y que ha sido adoptado por la mayoría de los restaurantes de alta gama en todo el mundo.

 

La brigada de cocina se organiza en torno al chef ejecutivo, que es el líder del equipo y responsable del diseño del menú y la supervisión general de la cocina. Debajo del chef ejecutivo, hay varios niveles de chefs y cocineros especializados en diferentes tareas, como la preparación de carnes, pescados, salsas y postres. Cada nivel de chef tiene una serie de responsabilidades específicas y supervisa a los chefs y cocineros que se encuentran en niveles inferiores.

Este sistema jerárquico de organización del trabajo en la cocina permite la especialización y la eficiencia, lo que es especialmente importante en los restaurantes de alta gama donde se sirven menús complejos y variados. Sin embargo, también ha sido criticado por su rigidez y por la falta de equilibrio entre la vida personal y profesional de los trabajadores de la cocina.

 

En los últimos años, ha habido un aumento en el número de restaurantes que buscan implementar modelos laborales más equitativos y sostenibles en la cocina, como el trabajo en equipo y la rotación de tareas para promover la igualdad de oportunidades y la reducción del estrés laboral.

 

Dani Lasa: La construcción de escaparates gastronómicos desde los que se promocionó gran parte de los discursos turísticos nacionales se erigieron sobre un suelo laboral que tras años de ruidoso silencio, se evidenció insostenible. Una secuencia de varias generaciones encadenadas, ambicionó un escenario de transformación que se construyó más sobre voluntades que sobre competencias. La capacidad de persuasión de líderes del sector y el reflejo directo de los resultados en las cuentas financieras tanto de los negocios hosteleros como en las de la propia administración posibilitó la puesta en marcha de estrategias de incorporación laboral de difícil articulación. Esta excepcionalidad proveyó una fuerza de trabajo que operaba en un territorio carente de regulación mientras construía un fenómeno admirado globalmente. Copenhague, Nueva York, Londres, Euskadi, Cataluña y muchos otros nodos gastronómicos han acabado mostrando síntomas de desgaste cuando la presión contenida en estos escenarios acabó elevando a público políticas empresariales que vulneraban los derechos laborales conquistados a nivel global, haciendo del de la restauración, un sector cada vez menos atractivo.

¿Cómo se puede alcanzar la conciliación laboral en proyectos creativos, entre ellos los de alta cocina, que exigen mucho talento, una dedicación muy alta y dosis de compromiso siendo actualmente tan difícil de garantizar unas condiciones salariales y laborales justas?

ChatGPT: La conciliación laboral en proyectos creativos, incluyendo la alta cocina, puede ser un desafío, ya que estos proyectos a menudo requieren una gran cantidad de dedicación y compromiso para producir resultados excepcionales. Sin embargo, hay algunas formas en las que se puede abordar este problema y mejorar las condiciones laborales y la conciliación de la vida personal y laboral en el sector de la alta cocina:

 

1) Establecer horarios de trabajo equilibrados: Se pueden establecer horarios de trabajo flexibles que permitan a los empleados trabajar en proyectos creativos mientras mantienen un equilibrio entre su vida personal y profesional. Los empleadores también pueden establecer horarios rotativos para garantizar que los empleados tengan tiempo suficiente para descansar y recuperarse después de períodos de trabajo intenso.

 

2) Ofrecer beneficios y compensaciones: Los empleadores pueden ofrecer beneficios como tiempo libre remunerado, seguro de salud y vacaciones pagadas para ayudar a los empleados a encontrar un equilibrio entre su vida personal y profesional. También pueden ofrecer salarios justos y equitativos que reflejen el nivel de habilidad y experiencia de los empleados.

 

3) Promover la creatividad y la innovación: Los empleadores pueden fomentar la creatividad y la innovación al proporcionar a sus empleados el espacio y las herramientas necesarias para desarrollar sus habilidades y talentos. Esto puede incluir la inversión en tecnología de punta y la capacitación continua en técnicas de cocina avanzadas.

 

4) Fomentar el trabajo en equipo: El trabajo en equipo puede ayudar a los empleados a compartir la carga de trabajo y a colaborar en proyectos creativos, lo que puede reducir el estrés y mejorar la calidad de vida laboral.

 

5) Establecer una cultura de respeto y apoyo: Los empleadores pueden establecer una cultura de respeto y apoyo que valora a sus empleados y reconoce su trabajo duro y dedicación. Esto puede ayudar a fomentar un ambiente de trabajo positivo y saludable en el que los empleados se sientan valorados y motivados para realizar su trabajo de la mejor manera posible.

 

Dani Lasa: Los proyectos de componente creativo donde equipos vanguardistas no solo invierten sus horas y sus capacidades, sino los años de mayor producción creativa están sometidos a tensiones emocionales consustanciales a la actividad creadora.

 

En muchos de los casos, las personalidades creativas van acompañadas de contextos de gran presión emocional donde resulta difícil tanto establecer una dinámica de recompensa tradicional como unas condiciones de regulación genéricas, pues se trata de actividades de base impulsiva más allá de una racional, por lo cae de forma natural en una lógica difícilmente sostenible.

 

El proceso de constitución que dio origen a la disciplina creativa en la alta cocina difícilmente se hubiera podido enmarcar en un modelo conciliador dado que exigió de sus promotores una implicación de inspiración vital. Su reivindicación y legitimación construida sobre talentos en cooperación solo podía tener un destino; su fin. La empresa de este proyecto termina cuando la actividad alcanza la legitimación entre el resto de actividades empresariales y académicas. De este momento en adelante, podemos estar hablando de de un desarrollo exclusivamente reproductivo de los protocolos construidos en el proceso constitutivo.

¿Pueden los restaurantes de alta cocina de determinados territorios ser agentes promotores para la transición hacia sistemas alimentarios más sostenibles?

ChatGPT: Sí, los restaurantes de alta cocina pueden ser agentes promotores para la transición hacia sistemas alimentarios más sostenibles en determinados territorios.

 

Este tipo de restaurantes tiene una gran influencia en la industria alimentaria y son considerados como líderes en el sector gastronómico. Por lo tanto, pueden desempeñar un papel importante en la promoción de prácticas alimentarias más sostenibles a través de sus prácticas y políticas internas y a través de la promoción de la sostenibilidad en la industria alimentaria en general.

 

Por ejemplo, algunos restaurantes de alta cocina han adoptado políticas de compra responsable y sostenible, eligiendo productos de temporada, locales y de origen sostenible. Estos restaurantes también han implementado prácticas sostenibles en la gestión de residuos, la reducción de energía y agua, y el uso de materiales y tecnologías más sostenibles.

 

Además, algunos restaurantes de alta cocina están promoviendo la sostenibilidad en la industria alimentaria a través de iniciativas como la promoción de la diversidad de cultivos, la conservación de especies autóctonas, la recuperación de prácticas alimentarias tradicionales y la colaboración con proveedores y agricultores locales para mejorar la sostenibilidad de la cadena alimentaria.

 

Dani Lasa: Los restaurantes de alta cocina ocupan un lugar privilegiado dentro de la cadena de valor de la alimentación. Son instituciones alimentarias donde se subliman las características materiales e inmateriales de los alimentos que podemos llegar a degustar. La elección de los ingredientes utilizados y las diferentes formas de tratamiento/servicio aplicados atribuye a los elementos de la experiencia gastronómica una significación simbólica de gran poder. Los restaurantes desempeñan una especie de papel ejemplar o prescriptor en la transmisión de los valores asociados a los alimentos y a las políticas que estos promocionan.

 

Los cocineros desean hoy más que nunca jugar un rol dinamizador en la cadena de valor de la alimentación y los retos globales a los que nos enfrentamos. Su posición estratégica debe valer para promocionar decisiones que ayuden a consolidar políticas de producción y consumo responsable.

¿Qué papel jugarán la gastronomía y los sistemas alimentarios en las sociedades del futuro?

ChatGPT: La gastronomía y los sistemas alimentarios desempeñarán un papel importante en las sociedades del futuro, ya que son fun - damentales para la salud humana, el medio ambiente y la econo - mía. A continuación, se presentan algunos de los roles que estos aspectos pueden jugar en el futuro:

 

1) Salud y nutrición: La gastronomía y los sistemas alimen - tarios tienen un impacto directo en la salud y nutrición de las per - sonas. En el futuro, es probable que haya una mayor conciencia sobre la importancia de una alimentación saludable y sostenible, lo que puede impulsar un cambio hacia una producción de ali - mentos más sostenible y una dieta más equilibrada.

 

2) Sostenibilidad: Los sistemas alimentarios pueden te - ner un impacto significativo en el medio ambiente, incluyendo la deforestación, la pérdida de biodiversidad y la contaminación del agua y del aire. En el futuro, es probable que haya una mayor demanda de alimentos producidos de manera sostenible y que se minimice el impacto ambiental de la producción de alimentos.

 

3) Innovación: La tecnología y la innovación pueden tener un impacto significativo en la producción de alimentos y la gas - tronomía. En el futuro, es probable que haya más innovaciones en la producción de alimentos, incluyendo tecnologías más eficientes y sostenibles, y nuevas formas de preparar y servir alimentos.

 

4) Economía y empleo: La gastronomía y los sistemas ali - mentarios son una importante fuente de empleo y contribuyen significativamente a la economía en muchos países. En el futuro, es probable que la demanda de alimentos producidos localmente y de manera sostenible aumente, lo que puede generar nuevas oportunidades de empleo en el sector.

 

En resumen, la gastronomía y los sistemas alimentarios son importantes para la salud humana, el medio ambiente y la economía, y es probable que desempeñen un papel cada vez más importante en las sociedades del futuro a medida que se busca una alimentación más saludable y sostenible.

 

Dani Lasa: Está claro que los sistemas de alimentación del futuro, por mucho que le pese a la inteligencia artificial, solo podrán ser más responsables, si no no lo serán por mucho tiempo. La gastronomía, como “el conocimiento razonado de todo lo que se refiere al hombre que come y bebe donde su objetivo es la conservación del ser humano por medio de la mejor alimentación posible” –Antonio Hernández-Rodicio– seguirá siendo un instrumento tremendamente importante. No podemos obviar que las necesidades del ser humano deben satisfacerse dentro de los límites sostenibles del planeta.

 

Por mucho que el cine y la literatura haya querido convencernos de un futuro en el que nos alimentaríamos exclusi vamente a nivel molecular, la realidad es mucho más básica y seguiremos alimentándonos de fuentes tradicionales, si bien éstas deberán superar definitivamente la cultura de la revolución verde y reflexionar sobre la biotecnológica a la que nos adentramos.

 

La aplicación de una mirada que trascienda lo puramente material nos ayudará a aplicar soluciones complejas a desafíos complejos. Todos somos necesarios para poder abordar este desafío global sin desatender la infinidad de implicaciones que integran los sistemas de alimentación.

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Marije Goikoetxea
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Marije Goikoetxea

Entrevista a Marije Goikoetxea, publicado en el número 2 de la Revista K.
Fotografías: Vicente Paredes.

Marije Goikoetxea es doctora en Derechos Humanos, psicóloga y teóloga por la Universidad de Deusto, además de Máster en bioética. Entre sus principales intereses están los modelos de cuidados de larga duración, el envejecimiento y la vida con sentido. Conversamos con ella sobre la situación de los cuidados en Euskadi, los cambios necesarios, los paradigmas culturales en torno a la muerte, los testamentos vitales, el suicido y el futuro del final de vida.

¿Cuál es la situación de los cuidados al final de la vida en Euskadi?

 

Hemos mejorado, el conocimiento y la opinión pública de su importancia ha cambiado, hace diez años era un tema tabú, pero ahora está en la agenda. Sin embargo, siguen estando muy sanitarizados, y dentro de lo sanitario se reducen a lo médico, sin englobar a otros profesionales sanitarios como puede ser enfermería o psicología o incluso fisioterapia.

 

Durante un tiempo ha sido una buena herramienta, un buen instrumento, buena perspectiva, válida para entender que todo esto requiere una atención desde la administración pública y las instituciones, y que gracias a esto se reconocen derechos como la eutanasia. Pero creo que esa mirada es excesivamente reduccionista porque desemboca en considerar el final de la vida una enfermedad. Y lo que se hace es pensar que, si la gente enferma se cura, y que cuando no se cura y se va a morir, necesitamos otra cosa para que se cure del morir, que no sabemos muy bien qué es.

 

Ahora empiezan a aparecer nuevas perspectivas, más comunitarias, más integrales, que implican contemplar la muerte desde una perspectiva de ciclo de vida, no sanitaria. Y en ese sentido estamos empezando a hacer camino, pero falta mucho por hacer. Percibo que hace falta un espacio, con cierto nivel de autonomía, que pueda plantear el tema de una manera más transversal, que es algo urgente incluso para las propias personas y sus familias. No sé si sería mejor desde abajo, a nivel municipal, pero desde luego habría que eliminar esa mirada sanitarizada en el abordaje del final de la vida.

 

El EUSTAT estima que el 40% de la población vasca en 2050 tendrá más de 65 años. A partir de ahora, seremos una sociedad más mayor. ¿Es esto un problema?

 

Esto no es necesariamente bueno ni malo, es sólo otro tipo de sociedad. Mientras sigamos pensando que esto está mal, seguiremos haciendo propuestas para corregirlo. Debemos partir del hecho de que nuestra sociedad es ya una sociedad diferente, donde dentro de poco tiempo el 30% de las personas van a tener más de 65 años y que van a necesitar cuidados. Entonces, tendremos que empezar a plantearnos cuestiones como quién se va a encargar de esos cuidados y cómo nos vamos a organizar.

 

Antes hacían falta otras cosas, porque había muchos niños y niñas, y nuestra sociedad está pensada y estructurada para esa demografía concreta que ya no existe. Las propuestas políticas y económicas no se dirigen a la demografía actual, sino a la del pasado. Y eso no va a volver a existir. No es cuestión de una ayuda a padres de bebés de más o menos cantidad, eso son pequeños parches. Lo que necesitamos es un cambio total del sistema de cuidados, darle la vuelta al calcetín.

 

¿Cómo nos preparamos para ese cambio?

No va a ser fácil, porque nuestro sistema de prestación, ayudas, acompañamiento y protección a las personas que viven en una comunidad está organizado por cajas, y parece que si sacas algo de una caja lo terminas perdiendo. No veo el final de la vida planteado como algo que nos pasa a todas las personas y que tiene que ver con la educación, con los servicios sociales, con el apoyo a las personas cuidadoras y a los profesionales sanitarios, por supuesto, pero con un abordaje comunitario, de poder acercarse a las personas y a sus familias cuando se están muriendo.

 

También veo muy difícil que el sistema sanitario se flexibilice hacia otro modo de entender la salud, alejado del modelo de detección de patología, con un abordaje mecanicista.

 

En Euskadi tenemos miedo a ser cuidados, a ser vulnerables, a tener que fiarse de que el otro te va a cuidar bien.

 

¿Crees que es posible superar ese abordaje mecanicista y sanitarizado del final de vida en Euskadi?

 

Necesitamos un cambio cultural en el final de vida y los cuidados. En Euskadi tenemos miedo a ser cuidados, a ser vulnerables, a tener que fiarse de que el otro te va a cuidar bien. En algún momento pasó mi madre de entender que ser mujer no era solo para parir y satisfacer a su marido, que había algo más. Ese cambio cultural supone cambio social, y los cuidados requieren un cambio cultural. También vemos el final de vida como algo apartado de todo lo demás. Tú preguntas a un trabajador o educador social sobre esto, y te dice, “¿qué tiene que ver mi formación con el final de vida?” Y un economista ni te cuento, o la ingeniería o la tecnología. Otro cambio cultural es que las instituciones tienen que confiar en la comunidad, y no confían.

 

La comunidad tiene que confiar en las instituciones, pero las instituciones también en la comunidad, y no confían.

 

¿Por qué existe esa desconfianza?

 

Tiene que ver con los valores de nuestra cultura. Hemos sido educados para sacar la vida adelante, y cuanto más independiente seas y menos dependas de otros, mejor. Y lógicamente al final de la vida hay que desaprender eso y aprender a confiar. Hemos introducido el valor de la autonomía como una gran baza al final de la vida, pero esa exacerbación de la autonomía está impidiendo que muchas personas sean capaces de integrar la oportunidad, que es una necesidad, de poder ser cuidado. Es un error, somos interdependientes.

 

Somos cooperativos para hacer un huerto o un frigorífico, pero cada uno desde su compartimento, sin ninguna relación. Es en realidad individualista. En las cooperativas a veces no hablan entre ellos. Hacer cadenas de montaje entre todos no es cooperar.

 

Esta mentalidad aplicada a un hospital hace que el auxiliar por la mañana desnude, el siguiente auxiliar duche, el otro seque y la otra vista. Yo, cuando he visto esto les decía: “Hombre, ¿no os parece que se puede evitar que una persona esté desnuda pelada de frío esperando a ver si la anterior ha terminado porque ha tardado más en duchar?” Y me decían: “Si lo hacemos todos todo, todo va a quedar peor. Peor secada, peor duchada, peor vestida”. Y claro, tenía razón. Pero es esa mentalidad de separar, especializar, ingenierizar procesos. Y en el sistema de cuidados, no solo al final de la vida, es lo mismo. Yo psicóloga, tú enfermera y tú trabajadora social, sin relación. Y es una dificultad para el sistema de cuidados, que necesita flexibilidad en función de las necesidades de las personas. Estar bien cuidado es un derecho, pero no se puede hacer todo desde el ámbito mercantil, desde el ámbito público y administrativo o desde el ámbito profesional, porque son ámbitos en los cuales es muy difícil que el factor de confianza se desarrolle. Es una combinación. Es cuestión de justicia y derecho a ser cuidado, pero tiene otra parte relacional, comunitaria, de personas en las que confías, de familia, entendida no como familia nuclear clásica. Y no vale cuidar solo con una parte, no vale separar. Es absolutamente necesario cooperar. Somos cooperativos para hacer un huerto o un frigorífico, pero cada uno desde su compartimento, sin ninguna relación. En realidad es individualista.

Parece que la cultura (K) es clave para repensar el sistema de cuidados al final de la vida en Euskadi. ¿Crees que podemos aprender a confiar?

 

La cultura no es una ideología, es una ideología que se transforma en un hábito. Entonces la ideología es fácil de cambiar, pero el hábito es muy difícil. O sea, yo tengo una ideología que es que tengo que ser autosuficiente, entonces voy haciendo poco a poco desde mi niñez, un hábito, un modo de ser. Y claro, eso es lo difícil de cambiar ese carácter. Tú no puedes cambiar de ideología y decir, “tengo que aprender a confiar”. Los hábitos son muy difíciles de cambiar, los buenos y los malos, todos, porque se automatizan, nos convierten en un modo de ser, en un carácter. Nuestras universidades y escuelas educan en ser el mejor en lo tuyo, tornero o pastor de ovejas. Es una visión muy de autosuficiencia, de no depender de nadie. Y somos interdependientes.

 

No nos planteamos cómo nos gustaría morirnos ¿Por dónde empezamos a cambiar ese hábito?

 

El paternalismo es terrible. Que se reúnan, con la mejor intención, varios profesionales para trazar un circuito de la persona en situación de paliativos sin la persona presente… Las personas con un diagnóstico de una enfermedad irrecuperable que los lleva a un proceso en el que van a morir, son conscientes de que lo tienen. Y habrá que preguntarles. Pensar en que el paciente esté en esa reunión ya parece imposible. Nosotros desde el lenguaje de cada uno hacemos un plan para ti. No es dar opciones de desayuno, desde mi plan y mi menú, es preguntarle al paciente qué desayuna. Es su proceso de final de vida, pero es cultural y nadie nos planteamos cómo nos gustaría morirnos.

 

Sin embargo, los testamentos vitales están creciendo cada vez más en Euskadi.

 

Yo he sido una fan total del tema de las voluntades anticipadas, pero me ha pasado un poco como con lo del consentimiento informado, que me he dado cuenta de que hay una parte importante de las personas que lo promueven, que lo hacen porque facilita a los médicos la vida y las decisiones a los sanitarios. No hay un interés en que la persona pueda dejar ese proceso abierto, que pueda volver a pensarlo, porque según va viviendo diferente, puede querer morir diferente. Indudablemente es una buena herramienta para algunas situaciones, para personas que van a pasar de repente, de ser autónomas a dejar de serlo. Pero son la minoría. Es una proporción de personas de las que se mueren que en Euskadi es solamente alrededor de un 15%.

 

La mayoría de las personas va haciendo un proceso y en ese proceso va integrando su vulnerabilidad, su limitación y a partir de ahí va viendo cómo querrá vivirlo, como nos pasa con la maternidad. No pasa de repente. El proceso de morir se parece mucho. Es algo que vas gestionando.

 

¿Se puede aprender a gestionar mejor el proceso de morir?

 

Cuando cualquier persona está en un proceso de final de vida, me da igual si es por eutanasia, por enfermedad avanzada, neurodegenerativa o de suicidio, como no nos hemos muerto nunca, no sabemos cómo hacerlo. Como decía Elisabeth Kübler-Ross, no llevo nada en EL BOLSO justo para eso. Si una persona es capaz de empezar a pensar en su final es como colocarse en un escenario que nunca ha pensado, y requiere de tiempo y apoyos. Creo que ahí se requiere un acompañamiento, que a veces es familiar, otras de mejora de la atención sanitaria, otras de gestionar el dolor, otras veces de despedida y algunas para gestionar la soledad. Por esto es tan importante englobar el final de vida en los cuidados, porque nos da esa oportunidad de plantearlo como algo integral, transversal, holístico. Porque incluso algunas personas que se dedican al final de la vida inconscientemente lo ligan a lo sanitario. Como hemos dicho: es cultural.

 

¿Qué papel debería tener lo sanitario en esa visión integral de morirse?

 

Lo sanitario es una vía de entrada. Tú abordas un duelo y parece que requiere de un diagnóstico de una patología para que tenga atención en un centro de salud mental. Y la otra alternativa es hacerte el duelo tú solo en tu casa o apoyarte en cuatro voluntarios. No me parece mal que lo sanitario sea una vía de entrada, pero el final de vida no está dentro de un sistema (llámese empleo, educación) y por eso tiene difícil gestión. Y es un error, porque afecta a muchísimas cuestiones y tiene muchas repercusiones.

 

Por ejemplo, hay un montón de mujeres migradas que son quienes cuidan a estas personas y eso afecta a cuestiones de empleo. Tendremos que reconocer que morirse bien es una cuestión muy relevante en una sociedad y que quien se dedica al cuidado en ese ámbito o en el ámbito de la dependencia es esencial y que, por tanto, requiere su reconocimiento y su sueldo. Y el sistema de empleo tiene que empezar a enterarse. Y el final de vida afecta también a cuestiones de relaciones sociales en el ámbito comunitario, que es una cuestión que genera ansiedad y sufrimiento, porque no se ha integrado en el ámbito educativo.

 

El riesgo es pensar que un plan estratégico buenísimo hecho desde sanidad sobre cuidados paliativos va a conseguir que la gente en Euskadi se muera bien. Creo que no es así. Desde la huelga feminista de cuidados decimos que cambiar los cuidados implica cambiar todo el sistema.

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Roboética
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Roboética:

Escenarios de futuro en el cuidado de las personas

Artículo de Pilar Dellunde, publicado en el número 2 de la Revista K
Fotografías: Vicente Paredes.

La International Federation of Robotics recopila datos estadísticos anuales sobre el mercado mundial de la robótica, publicados en el informe anual “World Robotics”. En el informe de 2024, basado en una muestra de 298 compañías, se observa un crecimiento sostenido en el número de robots de servicio (robots no industriales que no son productivos) en diversas aplicaciones. Esto incluye dispositivos robóticos controlados manualmente con autonomía limitada o sin ella. Entre los robots de servicio se encuentran los robots de servicio profesional (más de 205.000 unidades, incluyendo AMRs, los robots móviles autónomos), los robots médicos (más de 6.200 unidades), y los robots de atención al cliente (más de 4,1 millones de unidades nuevas).

Los robots de servicio para uso del consumidor no requieren formación específica. Algunos ejemplos son los robots de limpieza doméstica, las sillas de ruedas automatizadas y los robots de interacción social.

 

Por el contrario, los robots de servicio profesional requieren operadores capacitados profesionalmente; aquí incluiríamos robots de limpieza para lugares públicos, robots de reparto, robots de extinción de incendios, robots de rehabilitación y robots de cirugía en hospitales. Algunos de estos robots, como los de interacción social y educación, ganaron importancia durante la pandemia de Covid-19 y las medidas de distanciamiento social. Otros están diseñados para cuidados en casa, proporcionando asistencia para la movilidad y la manipulación de objetos.

 

Aunque la robótica no está ampliamente introducida en el cuidado de las personas, los sistemas de IA sí están presentes en nuestra vida cotidiana. Los encontramos en recomendadores de música o cine, buscadores de Internet y asistentes virtuales en nuestros móviles.

En noviembre de 2022, OpenAI lanzó ChatGPT, una IA generativa que permite realizar todo tipo de tareas relacionadas con el lenguaje (traducir, corregir textos, conversar o escribir textos nuevos). Este sistema alcanzó un millón de usuarios en solo cinco días. ¿Cómo interpretamos todos estos datos? Hemos escuchado discursos extremos, desde los más catastrofistas hasta los más ingenuos, sobre el crecimiento de estas tecnologías. Algunos sostienen la inevitabilidad de la sustitución humana por IAs. ¿Cómo podemos recuperar un debate sereno sobre nuestra situación actual? Necesitamos primero algunos datos, esta vez sobre los humanos.

 

Según Worldometer, que proporciona estadísticas mundiales en tiempo real, en el momento de escribir este artículo la población mundial es de 8.203 millones de personas, lo que plantea un problema de sobrepoblación. A medida que la generación de los boomers envejece, se puede duplicar el número de personas entre 65 y 80 años, agravando la falta de profesionales y plazas residenciales en este sector. Los sistemas de IA se proponen como una solución a la falta de profesionales, pero, con los datos actuales de desempleo y sobrepoblación, ¿es esta una solución razonable? Los sistemas de IA están entrando en ámbitos genuinamente humanos: el juego, el lenguaje, la música.

Ciencia Ficción en la Reflexión Ética sobre los Sistemas de IA

Para situar una reflexión ética sobre estos sistemas, vamos a hacer uso de la ciencia ficción. La filósofa Martha Nussbaum, en su libro de 1990 Love’s Knowledge: Essays on Philosophy and Literature, afirmaba que “La lectura de ficción nos sitúa con frecuencia en una posición que es a la vez parecida y diferente de la posición que ocupamos en la vida; parecida, en el sentido de que estamos involucrados emocionalmente con los personajes, activos con ellos y conscientes de nuestra incompletitud; diferente, en el sentido de que estamos libres de las fuentes de distorsión que con frecuencia impiden nuestras deliberaciones en la vida real ”.

En esta línea, recomiendo la lectura de una obra de ciencia ficción como punto de partida para esta reflexión ética: Today, I’m Paul, de Martin L. Shoemaker. Su comienzo es el que sigue:

 

“Mildred se reclina en la cama. Es una cama avanzada para cuidados en el hogar, completamente ajustable y con monitores integrados. La familia de Mildred no escatimó en gastos (ni en la cama ni en otros dispositivos de cuidado, como yo). Su cabecera es casi horizontal y está orientada hacia la ventana. Solo puede vislumbrar la puerta con el rabillo del ojo, pero no necesita ver para imaginar que ve. Esta mañana, se imagina a Paul, así que soy yo. Sintetizar la voz de Paul es la parte más fácil, gracias a los altavoces dinámicos multimodales de mi garganta. «Buenos días, mamá. Te he traído unas flores». Siempre traigo flores. Mildred las aprecia, sin importar a quién esté emulando. Las flores la hacen sonreír durante el 87 % de mis «visitas»”.

 

En este relato, Mildred, una anciana con demencia, pasa sus días siendo atendida por un androide de cuidados muy avanzado. Como el androide es capaz de emular física y emocionalmente a las personas, Mildred no se da cuenta de que quienes la visitan no son realmente sus seres queridos. Su familia ha comprado este androide que está equipado con tecnología que le permite emular a una persona, tanto física como emocionalmente, basándose en los datos proporcionados sobre ella.

 

Aunque la introducción de la robótica no ha alcanzado aún el nivel descrito en la novela, se han hecho avances significativos en esta dirección. Ejemplos recientes reales de aplicación de estas tecnologías son las pruebas piloto Etxean Bai de cuidados en domicilio a personas dependientes, o el proyecto Singulars de la Generalitat de Catalunya de introducción de robots en residencias de personas mayores.

 

Sin embargo, el objetivo de esta reflexión no es el estado del arte de la robótica asistencial, sino los dilemas éticos que surgen en este tipo de contextos. La situación de Mildred plantea preguntas vitales sobre las relaciones de cuidado: ¿qué cuenta como cuidado y qué está en juego cuando decidimos subcontratarlo a un sistema de IA?

La Ética del Cuidado en la Reflexión sobre los Sistemas de IA

La ética del cuidado (Care-Ethics) nos proporciona un marco ético para nuestra reflexión. Tiene sus raíces en los trabajos de C. Gilligan y N. Noddings a principios de los años 1980, y algunas de sus pensadoras más influyentes son A. Baier, V. Held, E. Feder Kittay, S. Ruddick y J. Tronto.

 

En The Ethics of Care (2006), V. Held demuestra la relevancia de la ética del cuidado para las cuestiones políticas, sociales e internacionales, conceptualizando el cuidado como un conjunto de prácticas y valores. En Caring Democracy: Markets, Equality, and Justice (2013), Joan Tronto define el cuidado como “una actividad de la especie que incluye todo lo que hacemos para mantener, continuar y reparar nuestro «mundo» para que podamos vivir en él lo mejor posible. Ese mundo incluye nuestros cuerpos, nosotros mismos y nuestro entorno, todo lo cual tratamos de entrelazar en una red compleja que sustenta la vida”.

 

La ética del cuidado se ha desarrollado a lo largo de los años, convirtiéndose en una teoría política y promoviendo un movimiento social destinado a una comprensión más amplia y a dar apoyo público a las actividades de cuidado en toda su amplitud y variedad. Para reflexionar sobre el impacto de los sistemas de IA en las relaciones de cuidado, este marco ético nos permite hacer una primera aproximación, conceptualizando estos sistemas no como herramientas, sino como agentes. La noción de agente es central en la subdisciplina de la informática que es la Inteligencia Artificial, donde un agente se caracteriza porque percibe su entorno mediante sensores y actúa sobre este mediante actuadores. No incluye en su definición rasgos definitorios importantes de la agencia humana, como la intencionalidad. Sin embargo, precisamente por ser agentes y por tener diferentes grados de autonomía, se presentan nuevos retos éticos para su utilización en el ámbito del cuidado.

 

Una primera cuestión ética está relacionada con la adicción a estas relaciones en sustitución del cuidado humano, lo que puede llevar al aislamiento de las personas. Una segunda cuestión se refiere a la privacidad. Más allá de las normativas existentes sobre protección de datos personales, en una conversación con estas IA se proporciona una gran cantidad de datos en una relación de confianza con los agentes artificiales, datos que no se darían en otras circunstancias. La autonomía de las personas también se ve afectada, ya que estos sistemas, basados en el reconocimiento de patrones, nos proporcionan información sobre las decisiones a tomar que no es suficientemente plural y, debido a la naturaleza de la tecnología, no pueden dar explicaciones, reduciendo nuestra posibilidad de participar en el proceso de toma de decisiones.

 

Muchos de los sistemas de IA no son transparentes, lo que genera desconfianza y problemas a la hora de atribuir responsabilidades. También existen problemas con posibles sesgos en los sistemas, especialmente relevantes si se utilizan por parte de instituciones públicas para distribuir los recursos destinados al cuidado de la población, lo que podría tener efectos discriminatorios.

 

Para regular estos aspectos y defender los derechos fundamentales, en agosto de 2024 entró en vigor el reglamento europeo (AI Act). Este reglamento clasifica los sistemas de IA en cuatro niveles de riesgo: mínimo (incluye sistemas como filtros de spam y videojuegos, que no están sujetos a obligaciones específicas), de transparencia (sistemas como chatbots deben informar claramente a los usuarios que están interactuando con una máquina), riesgo alto (incluye sistemas de IA utilizados en áreas críticas como la salud y la contratación, que deben cumplir con requisitos estrictos de seguridad, transparencia y supervisión humana) y finalmente, riesgos inaceptables (sistemas que representan una amenaza para los derechos fundamentales, como la puntuación social, la vigilancia masiva y la manipulación subliminal, que están prohibidos). Hasta abril de 2025, distingos grupos de expertos/ as trabajaremos en la redacción del Código de Prácticas de la IA, cuyo objetivo es facilitar la aplicación adecuada de la Ley de IA, especialmente para los modelos de propósito general, como algunas IA generativas.

 

En los próximos años, la aplicación de esta normativa y los nuevos avances en los sistemas de IA centrarán nuestro debate ético. ¿Pero, debería ser así? Mi propuesta es que resituemos el debate, y que éste sea de naturaleza política y económica, enfocándonos en valorar el trabajo y eliminar la precariedad laboral del sector del cuidado y en cómo los nuevos sistemas de IA podrían mejorar las condiciones laborales, pero en ningún caso sustituirlas. Como familiares ahora y en un futuro próximo, como usuarios de estos sistemas de IA para nuestro cuidado, ¿qué valores queremos promover en nuestras relaciones sociales? Una IA basada en un modelo probabilístico no va a tomar esta decisión por nosotros, la responsabilidad es enteramente nuestra.

Resituemos el debate, y que éste sea de naturaleza política y económica, enfocándonos en valorar el trabajo y eliminar la precariedad laboral del sector del cuidado y en cómo los nuevos sistemas de IA podrían mejorar las condiciones laborales, pero en ningún caso sustituirlas.

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Maternidad y crianza en Euskadi
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Maternidad y crianza en Euskadi

Artículo de ALC, publicado en el número 2 de la Revista K
Ilustraciones: Nere Gabantxo.

La maternidad y la crianza son experiencias múltiples, llenas de retos, desigualdades y decisiones que afectan de lleno a la vida cotidiana. En este número de la revista queremos poner en el centro estas experiencias, plasmarlas de forma honesta y cuestionar las estructuras que las sustentan. Porque crecer no es sólo una cuestión privada: es un proceso directamente relacionado con factores sociales, políticos y económicos, que muchas veces se hace invisible o se concibe como una responsabilidad exclusiva de la familia, sobre todo de las mujeres.

Hemos estado entrevistando a las madres de nuestro entorno y escuchando sus historias. A través de ellas hemos conocido a madres migradas como Farah, mujeres que, como Maitane, han elegido la maternidad sin pareja; padres como Xabi, en el camino hacia la paridad; madres que han abandonado el mundo laboral por el bienestar familiar, como Nerea; madres que ocupan un puesto de responsabilidad como Leire; mujeres que hacen un trabajo fundamental en la organización de otras familias, como Isabel, y cómo no, aitites y amamas.

 

Sus historias nos muestran las contradicciones, necesidades de apoyo y lagunas que tiene la crianza en nuestra sociedad. No queremos dar respuestas fáciles ni proponer modelos ideales, sino abrir el diálogo, compartir experiencias y resaltar los cambios necesarios. Al fin y al cabo, la crianza de los niños es responsabilidad de todos, aunque a menudo nos quieran hacer creer lo contrario.

Farah

“Aquí la gente es un poco más cerrada, se hace más responsable solamente de sus hijos, no quieren más jaleo. Yo tengo una red social de mujeres migradas muy fuerte, en la que me apoyo”.

 

· Mujer, 31 años
· Vive en Gasteiz, de origen marroquí
· Separada
· A su cargo tiene un niño de 6 años, Omar
· Trabaja en una empresa de cuidados a mayores

 

Farah llegó hace 10 años a Gasteiz desde Tánger. Se separó del padre de Omar hace tres años. Lleva a su hijo todos los días a la eskola de Judimendi. En el día a día se arregla como puede, pero reconoce que es complicado cuando Omar se pone malo, o tiene que gestionar el día a día ella sola. Ahora que es un poco más mayor se arregla mejor, cuando ha tenido problemas puntuales ha acudido a su red de amigas y madres, si no es imposible. Dice que le gusta llevar una vida muy tranquila, hace los recados, va al parque, recoge y lleva a Omar de la escuela y le gusta ponerse al día con las noticias después de cenar.

Maitane

"Hacía tiempo que me imaginaba yo sola la maternidad. No como madre sola, sino yo con el niño, no como pareja”.

 

· Mujer, 39 urte
· Donostia
· Soltera
· A su cargo tiene un niño de 4 años, Mikel 
· Es fisioterapeuta

 

Maitane decidió ser madre por fecundación in vitro. Siempre había querido ser madre y hace 6 años inició el proceso de la fecundación in vitro, un camino que no fue nada sencillo. Desde siempre se imaginaba la maternidad como algo entre ella y el niño, no tanto ser madre soltera como concepto, sino simplemente no lo asociaba con estar en pareja. Perdió a su aita joven y creyó que podría hacerlo, como hizo su ama con ella y con su hermana pequeña. Ellas dos le ayudan mucho con las cosas que van surgiendo en el día a día: disfraces de carnavales, cuando Mikel se pone malo o cuando en alguna ocasión no puede salir del trabajo para llegar a recogerle a tiempo. Socialmente nota que hay cierto interés en su situación, pero no se siente juzgada, al contrario. Cree que aún queda mucho por hacer por las mujeres que están en su situación, por ejemplo considera que la equiparación de las bajas de maternidad y paternidad tiene que llegarles a ellas. Cree que equiparar esos permisos es clave para tener los mismos derechos.

Xabi

“Venimos de donde venimos, y mientras a mi pareja la sociedad le ha enseñado a ser madre, a mí nadie me ha enseñado a ser un padre corresponsable, no lo he visto en mi familia en otras generaciones. Cambio pañales y doy biberones, pero la carga principal, sobre todo mental, la lleva mi pareja”.


· Hombre, 35 años
· Gernika
· Vive con su pareja
· A su cargo una niña de año y medio, Uxue
· Trabajo. Jornada reducida en una fábrica de automoción

Xabier siempre ha querido ser aita, pero reconoce que la vida le ha cambiado de una manera que no esperaba. Hace todo lo que puede, pero cree que venimos de donde venimos, y que mientras que a su pareja le han enseñado a ser madre, a él nadie le ha enseñado a ser un padre corresponsable y siente que aunque cambie pañales y haya dado biberones, la carga principal la lleva su pareja. Está en jornada reducida y lleva a Uxue al parque, a los columpios, la recoge de la eskola y pasa mucho tiempo con ella, pero ni le compra la ropa, ni gestiona las horas con la pediatra ni tiene en mente todo lo que hay que comprar para las cenas de la semana, se lo tiene que pasar a su pareja. Cada vez reparten de manera más equitativa las etxeko lanak, pero siempre tiene más peso ella. Su pareja le dice que siente que la maternidad se ha individualizado, que ha dejado de ser algo comunitario, y que echa en falta, además de su corresponsabilidad, la de la sociedad, se siente muy sola en su maternidad.

Nerea

“Dejé mi trabajo en la agencia de comunicación porque nos salía más a cuento. Siempre somos nosotras las que cedemos en eso, pero tengo claro que volveré en un par de años, es una etapa”.

 

· Mujer, 34 años
· Baiona
· Vive con su pareja, están casados
· A su cargo. Dos niñas de 4 y 1 año, Lur y Maddi
· Trabajo. Reproductivo, no remunerado

 

Nerea trabajaba en una agencia de comunicación, pero después de tener a Lur, viendo que sus condiciones no eran las mejores y que su pareja tenía un trabajo estable y les salía peor contratar a personas que les cuidasen los niños y la casa, decidió darse unos años para la crianza. Además, Nerea ha optado por una lactancia 100% natural y alimentación ecológica, incompatible con su jornada laboral. Ahora con dos niñas está algo agobiada, pero sostiene que es una decisión suya. Su pareja hace algunas cosas y pasa tiempo con las niñas, pero claramente la crianza y el trabajo reproductivo corre de cuenta de Nerea, especialmente porque desde que se mudaron a Baiona ya no cuentan con una red cercana de padres y amigos. Echa en falta espacios adecuados para estar con otros padres y madres, no los ha encontrado en Baiona. Le suena que se ha creado una asociación de padres y madres, pero no participa.

 

Begoña y Txema

“Ayudamos en todo lo que podemos. Cuando se ponen malos, ahí estamos. Es mucho trabajo cuando son pequeños.”

 

· Abuelos, 67 y 68 años respectivamente
· Algorta
· Jubilados
· 3 nietos, Julen, Asier y Laia

 

Begoña y Txema se han convertido en pilares fundamentales para sus hijos/as y nietos/ as. Aunque están jubilados, su día a día está marcado por las necesidades de la familia. Se encargan de los niños/as cuando los padres trabajan, los llevan y recogen del colegio y cuidan de ellos cuando están enfermos. Aunque disfrutan de su rol de aitite y amama, a veces sienten que tienen menos tiempo para ellos mismos. Creen que la sociedad actual se organiza de una manera totalmente incompatible con los cuidados, no solo de niños, sino de manera general. La estructura económica, laboral y social choca con las necesidades de cuidado y de bienestar integral. Creen que esto no es sostenible a largo plazo

Isabel

“Normalmente los dos padres trabajan fuera de casa porque si no es imposible, y recurren a nosotras para gestionar el día a día. Supongo que a ellos les saldrá a cuento, ahí no me meto.”

 

· Mujer, 59 años
· Iruña
· Vive con su marido
· Sus hijas son mayores, una de ellas está embarazada
· Trabajo. Limpiadora en una empresa de servicios de limpieza y cuidados

Isabel vive en Iruña con su marido. Tiene dos hijas ya mayores y va a ser abuela este otoño. Ha trabajado toda su vida en el sector de los cuidados. Actualmente trabaja por horas con varias familias, combinando limpieza con apoyo en la crianza: a veces lleva a los niños/as al colegio o los cuida un rato antes de que sus padres lleguen del trabajo. Normalmente los dos padres trabajan fuera de casa porque si no es imposible, recurren a ella para poder gestionarlo todo en el día a día de una manera más cómoda. Supone que a ellos les saldrá a cuenta. Ve que la conciliación es complicada para la mayoría de las familias con las que trabaja y que el apoyo de trabajadoras como ella se ha vuelto indispensable. Se pregunta cómo será con su hija, pero eso sí, ya le ha advertido de que una vez el bebé nace, ella pasará a segundo plano.

Leire

“Me siento culpable cuando de vez en cuando puedo ir a recoger a Beñat a la haurreskola” “Los niños no están en el centro de la sociedad, no son una prioridad. Y eso impulsa a que mucha gente no se anime. Es mucho más cómodo no tener hijos, más fácil”.

 

· Mujer, 41 años
· Arrasate
· Pareja
· A su cargo. Tiene un niño de 4 años, Beñat
· Trabajo. Ingeniera en una cooperativa, puesto directivo

 

Leire trabaja en una empresa de ingeniería con un puesto de alta responsabilidad. Su jornada es exigente y requiere viajes frecuentes, lo que dificulta la conciliación. Aunque su pareja también trabaja, siente que la carga mental recae en gran parte sobre ella: organizar la ropa del niño, gestionar actividades extraescolares y las reuniones del colegio, además de las urgencias del día a día. Cree que el entorno laboral sigue penalizando la maternidad y que no hay un verdadero compromiso con la conciliación.

 

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Nuevos roles profesionales para los cuidados comunitarios
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LOKARRIA

Nuevos roles profesionales para los cuidados comunitarios

Los desafíos en el ámbito sociosanitario han sido el punto de partida para el desarrollo de nuevos roles a nivel internacional que catalicen lo público, lo comunitario y lo privado. La conectora comunitaria, social bróker en los países anglosajones, o lokarria en euskera, es un concepto en construcción, que da lugar a diversas interpretaciones y definiciones, que hace referencia a esta labor de articulación e “institucionalización comunitaria” de los cuidados.

De manera extendida, suele referirse a la persona que desempeña un rol comunitario en el que vincula de forma activa los recursos existentes con las personas de la comunidad, es decir, se entiende como un nodo de integración y amplificación entre los recursos públicos, privados y comunitarios existentes. Si bien esta actividad es necesaria, y etimológicamente se define como conector (lotu), en el contexto actual es insuficiente.

 

Se trata de un rol generador de capital social en las comunidades en las que se enmarca, capaz de estructurar de alguna manera el auzolan y adaptarlo a la actualidad cuando éste no se da de manera orgánica.

 

El objetivo final de quien ocupa el rol es generar un cambio en la comunidad sobre la forma en la que se construye un nuevo sistema de cuidados. Un nuevo sistema que integra los servicios públicos, la actividad privada que está operando de manera formal e informal y la gran variedad de iniciativas comunitarias que normalmente permanecen ocultas. La puesta en marcha de este rol implica repensar la manera de entender cómo trabajar con la comunidad para que ésta sea un espacio inclusivo, acogedor y diverso, donde las personas en soledad no deseada, por el motivo que sea (envejecimiento, discapacidad…), puedan participar y contribuir como ciudadanas de pleno derecho.

La conectora comunitaria o lokarria no se limita a identificar y conectar los recursos en un momento dado, sino que facilita espacios de escucha y co-creación permanente para poder experimentar con nuevas soluciones que respondan en tiempo real a las necesidades y cambios en la comunidad. La conexión o mediación comunitaria aporta un profundo conocimiento del territorio y su labor no solo impacta en el ámbito individual, mejorando la calidad de vida de las personas con determinadas necesidades de atención, sino que también impulsa un cambio cultural en la sociedad, generando un mayor entendimiento de los problemas complejos, respeto hacia la diversidad del ecosistema y un modo de vida más comunitario.

 

Potenciar e impulsar este rol de manera estructural (formación, educación, financiación, reconocimiento) en todas las comunidades de Euskadi catalizaría los diferentes elementos pertenecientes a un nuevo sistema de cuidados. El conector comunitario desempeña un papel fundamental en el fortalecimiento y desarrollo de la comunidad desde un marco de innovación social por lo que ofrece una alternativa a la “privatización” de servicios públicos que tan malos resultados ha generado tanto en la calidad como en la buena gestión de recursos públicos (Fantova, 2024).

 

Entre los principales retos a los que se enfrenta esta nueva figura de innovación social, destaca la necesidad de demostrar su valor para todos los agentes del sistema: instituciones públicas, empresas y agentes sociales. En lugar de entenderlo como un nuevo competidor por los escasos recursos existentes, debe ser capaz de demostrar que amplifica el impacto de las iniciativas existentes. En este sentido, puede medirse el ahorro que genera respecto al sistema actual y atraer nuevas inversiones para iniciativas colaborativas.

 

Algunas entidades sociales y administraciones consideran que ya están desarrollando funciones similares a las del conector, y que esta figura es por lo tanto redundante. Por ello, es clave demostrar el valor añadido de esta figura en la práctica. El papel del conector propone adoptar un enfoque de innovación social en un ámbito donde, con las herramientas actuales disponibles, no se está logrando el impacto deseado. ALC acompaña diferentes procesos en los que se experimenta con esta figura en contextos y ámbitos muy diferentes (no solo el ámbito sociosanitario, también en los procesos de transición justa como es el caso de la mediación comunitaria).

Durante la elaboración de este trabajo, se han identificado varias ideas clave:

 

(1) El trabajo del conector/a contribuye a generar capital social y establece una clara premisa: está al servicio de la comunidad, no de las instituciones públicas, empresas o entidades sociales que prestan estos servicios. Muchos de los retos abordados a nivel comunitario (enfermedad avanzada, soledad no deseada, cuidados en el final de la vida, desinstitucionalización de determinados servicios) no encuentran fácilmente respuesta por parte de los servicios sanitarios, y por lo tanto, el apoyo de los demás sectores, ámbitos sociales y comunidad en su conjunto adquiere una gran relevancia.

 

(2) Los nuevos roles comunitarios surgen como una pieza clave para garantizar una mayor conexión entre las iniciativas que impulsan las instituciones, empresas y organizaciones en el ámbito de los cuidados. El valor añadido de estos roles es promover nuevas capacidades para garantizar que existe una conexión permanente entre las percepciones de una determinada comunidad y las estrategias e intervenciones que se están desarrollando.

 

(3) Se ha identificado una dificultad muy importante a la hora de recoger información cualitativa que nos muestre los comportamientos y percepciones sociales. En general, existe dificultad para entender de una manera profunda las dinámicas sociales y cómo interactuar en ellas. Por ello, se ha consensuado que en próximos pasos se profundice en observar las distintas herramientas existentes para escuchar la diversidad de voces de un territorio y poder trabajar en la construcción de infraestructuras de cambio e innovación social que estén conectadas con las percepciones comunitarias.

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Entrevista en Bizkaia Irratia sobre la revista K (17.07.2024): “Analizamos lo que está detrás del precio real del pintxo-pote»

Entrevista en Bizkaia Irratia sobre la revista K (17.07.2024): “Analizamos lo que está detrás del precio real del pintxo-pote"

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Entrevista en Euskadi Irratia sobre la revista K (26.06.2024): «La revista tiene un doble objetivo: pretende poner sobre la mesa los retos de futuro de la sociedad vasca desde una perspectiva crítica y fomentar la participación ciudadana”

Entrevista en Euskadi Irratia sobre la revista K (26.06.2024): "La revista tiene un doble objetivo: pretende poner sobre la mesa los retos de futuro de la sociedad vasca desde una perspectiva crítica y fomentar la participación ciudadana”

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Revista K, impulsando la transformación de la sociedad vasca

Revista K, impulsando la transformación de la sociedad vasca

Desde Agirre Lehendakaria Center (ALC) lanzamos el primer número de la revista K, “¿Qué es hoy la gastronomía vasca?”, un debate sobre los retos que afrontamos como sociedad en el camino hacia el Desarrollo Humano Sostenible. En este primer número centramos el foco en la gastronomía y los sistemas alimentarios, entendiéndolos como vectores para la transformación social.

La revista K es una publicación Agirre Lehendakaria Center, el Centro de Innovación Social creado en 2013 por la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) en colaboración con AC4-Columbia University de Nueva York, que impulsa procesos de transformación comunitaria a través de Plataformas de Innovación Social abiertas y basadas en la cultura como motor de cambio.

 

Con el objetivo de reflexionar de forma colectiva sobre los retos a los que nos enfrentamos en el camino hacia el Desarrollo Humano Sostenible e impulsar la transformación de la sociedad vasca, lanzamos, en nuestro décimo aniversario, el número 0 de la revista K a modo experimental. Este número recogió las líneas de trabajo del centro y un planteamiento de los grandes retos a los que nos enfrentamos como sociedad.

Tras el número cero, llega el primer número de la revista K, “¿Qué es hoy la gastronomía vasca?”, en el que centramos el foco en la gastronomía y los sistemas alimentarios, considerándolos motores para la transformación social.

 

Con el objetivo de reflexionar de forma colectiva sobre estas cuestiones, colaboramos con diversos agentes que abordan aspectos clave del sector desde la innovación social, entre otros, el economista ecológico Unai Pascual, el cocinero Eneko Atxa, Rocío Sánchez de BIAAF (Bilbao International Art and Fashion), la periodista Sasha Correa o el escritor Harkaitz Cano. Asimismo, participan entidades como Gipuzkoako Ostalaritza Elkartea, EDE Fundazioa, elBullifoundation y Hemendik. La revista cuenta con las fotografías de Vicente Paredes y el diseño de Angélica Barco.

Los cuidados están en el centro de los grandes retos que afronta nuestra sociedad. Por eso, dedicamos el segundo número de la revista K a reflexionar sobre su futuro en Euskadi: “Transformar los cuidados es transformar el sistema”.

 

En un contexto de envejecimiento acelerado, abordamos los cuidados desde una mirada integral: comunitaria, familiar, política, económica y tecnológica. En esta edición participan pensadoras, investigadoras y colectivos que analizan los cuidados desde múltiples enfoques. Entre ellas, Pilar Dellunde, experta en inteligencia artificial; Emgaili Jatri, politóloga especializada en migraciones; Lore Lujanbio, militante transfeminista; y Matxalen Lejarreta, investigadora en trabajo doméstico. También participan entidades como Pikara Magazine o EH Bilgune Feminista. Las fotografías son de Vicente Paredes y el diseño de Angélica Barco.

La revista K es un regalo que se distribuye de forma gratuita y bajo petición. Puedes solicitarla a través del siguiente enlace. También puedes encontrar la revista K en La Sinsorga, ANTI Liburudenda, AS Fabrik, IED Kunsthal, La Perrera y más espacios que anunciaremos pronto en redes sociales. Conecta con nosotras.

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«Big Data al servicio de la transformación social». Artículo de Alex Rayón, publicado en el número 0 de la Revista K

Big Data al servicio de la transformación social

Nuevas herramientas para comprender la sociedad vasca

Artículo de Alex Rayón, publicado en el número 0 de la Revista K
Ilustraciones: Elisabet Maresma

Todas las personas e instituciones que lideraron el proceso de transformación de la sociedad vasca desde el final de la dictadura franquista coinciden en señalar la extraordinaria capacidad que tuvieron estas iniciativas de entender y conectarse con las dinámicas sociales. Es, sin duda, un elemento diferencial del “caso vasco” respecto a otros intentos de transformación socioeconómica en situaciones de gran adversidad. La siguiente transformación de la sociedad vasca deberá encontrar la manera de entender y conectarse con las nuevas necesidades y dinámicas sociales pero tendrá que utilizar nuevas herramientas y lenguajes. Con este objetivo, Agirre Lehendakaria Center (ALC) lleva varios años trabajando en diversos puntos del planeta (Tailandia, Pakistán e Indonesia) para poder construir un “Observatorio de Narrativas Digitales” que ponga al servicio de la innovación social la capacidad de análisis y predicción que ofrecen las técnicas de procesamiento del lenguaje natural.

 

Francis Galton (1822-1911), conocido por muchos como el primo de Charles Darwin, tenía 84 años cuando se presentó en una feria de ganado de Plymouth. Su formación multidisciplinar (psicología, estadística, geografía, etc.), le hacía ser una persona con una curiosidad insaciable. Allí observó un concurso que consistía en adivinar el peso de un enorme buey. Galton anotó en su libreta lo que cada uno de los 800 participantes del concurso había predicho sobre el peso del buey y calculó el promedio: 1.197 libras.

 

Posteriormente, pesaron el buey: 1.198 libras. La multitud, como una unidad, se había comportado de forma más inteligente que la gran mayoría de los individuos en solitario. Un año después, en 1907, Galton publicó estos resultados en la prestigiosa revista Nature. Desde entonces, el buey de Galton ha llevado a desarrollar teorías de inteligencia colectiva que proponen que el grupo es más inteligente que cada uno de sus individuos como parte. Se ha aplicado a campos tan diversos como la dinámica de sistemas complejos, el estudio de inteligencia colectiva de abejas, estudios de mercado usando las preferencias de los internautas (Google, Amazon), etc., y también para entender lo que una sociedad demanda o piensa, que es lo que nos ocupa en este artículo.

 

No todos los problemas son adecuados para estas técnicas de agregación de la opinión de las masas. La existencia de sesgos generalizados, la imitación entre agentes (ver lo que ha votado el anterior para maximizar la utilidad del voto particular) o la necesidad de coordinar múltiples agentes son algunas de sus limitaciones. En el libro The Wisdom of Crowds: Why the Many Are Smarter Than the Few and How Collective Wisdom Shapes Business, James Surowiecki presenta tres tipos de problemas que pueden ser resueltos por la inteligencia colectiva. El primero, los “problemas cognitivos”: siempre tienen una solución, o en su defecto, hay unas respuestas mejores que otras. El segundo, los “problemas de coordinación”: los miembros de un grupo se ven en la necesidad de armonizar su comportamiento con el del resto de la gente. Y el tercero, los “problemas de cooperación”: las personas que buscan satisfacer el propio interés se ven en la necesidad de lidiar con los demás para obtener una solución que sea buena para todos.

 

Según ALC, las Plataformas de Innovación Social describen un espacio para el trabajo multiactor, en el que esos actores convergen para la cooperación en la búsqueda de soluciones a problemas reales. En este nuevo modelo se incorporan nuevas herramientas de escucha comunitaria, se diseñan las intervenciones junto a la ciudadanía, y se plantea la creación de una metodología colaborativa en lugar de proyectos aislados, con la aspiración de construir un verdadero ecosistema de innovación en el espacio donde se opera. En este sentido resulta clave, por lo tanto, partir de la escucha comunitaria. Entender sus necesidades, sus preferencias, sus hábitos, sus preocupaciones y sus motivaciones en tiempo real, para generar posteriormente un impacto social positivo. Pero, primero, es clave extraer una narrativa que permita entender cómo y en qué actuar. Se trata así de un problema de coordinación y cooperación, en el que escuchar en tiempo real todo lo que la sociedad demanda. Y, ahí, los datos que ha traído la era digital, compensando los sesgos que éstos pueden tener, resultan clave.

“Un primer paso para llegar a esas sociedades inteligentes es entender de qué datos se dispone y dónde se pueden obtener para entender bien cómo se comporta el ciudadano/a.”

En términos generales, podríamos definir una sociedad inteligente como aquélla en la que la tecnología digital, cuidadosamente implementada por las organizaciones, puede mejorar la gestión pública en tres campos: el bienestar de los ciudadanos/as, la fortaleza de la economía y la eficacia de las instituciones. Por ello, un primer paso para llegar a esas sociedades inteligentes es entender de qué datos se dispone y dónde se pueden obtener para entender bien cómo se comporta el ciudadano.

 

La implosión de la era digital y los datos inherentes a su naturaleza y arquitectura han provocado la generación de grandes volúmenes de datos, en muchos lugares y expresados de manera muy heterogénea. A este paradigma, lo bautizamos como Big Data. Ahí comenzamos a conocer las ventajas de pasar de un enfoque de Business Intelligence (el “qué”) a otro de Business Analytics (los “porqués”). En lugar simplemente de responder a las preguntas de los “qué”, bajo un tratamiento
meramente descriptivo, gracias al paradigma del Big Data entramos a nuevos modelos que tratan de responder a los “por qué”, con tratamientos más avanzados como los modelos predictivos y prescriptivos.

 

Este valor de la pregunta está inexorablemente ligado a la idea de poder extraer datos de la ciudadanía. Sin embargo, el planteamiento no es tener que hacer preguntas, sino inferir a partir de la obtención de datos generados de manera espontánea. Este último matiz es importante. El efecto Hawthorne es un fenómeno vinculado a la psicología que hace referencia a la manera en que la observación de un trabajador afecta a su rendimiento. El concepto debe su nombre a la empresa Hawthorne Works, que encargó una serie de estudios para conocer cómo distintas variables podrían afectar a la productividad de sus empleados/as entre 1924 y 1932. De acuerdo con las conclusiones de este estudio, la mayor parte de la plantilla de la citada empresa modificaba sus rutinas, así como la intensidad de su actividad, cuando se la sometía a una observación directa y previamente comunicada.

 

En definitiva: si queremos saber lo que realmente piensa o quiere una persona, lo mejor es que sea capaz de expresarse de forma libre y voluntaria. Internet es un caldo de cultivo perfecto para esto. Buscamos en Google, escribimos en redes sociales, leemos noticias en medios digitales, etc. Generamos muchos datos digitales que, de tratarse adecuadamente, pueden ofrecer resultados realmente prometedores.

No obstante, es importante considerar que una agrupación de usuarios/as en masa no siempre es válida per se. En terminología empleada por Surowiecki (el autor de la sabiduría de las masas del que antes hablábamos), deben cumplir una serie de características para poder agregar adecuadamente esas opiniones. La primera, “diversidad”: que los participantes tengan opiniones diversas e información privada -aunque sea pequeña- sobre el problema. La segunda, “independencia”: que no se vean fácilmente influenciados por las opiniones de los demás.

 

La tercera, “descentralización”: que el problema se pueda resolver de un modo descentralizado. Y la cuarta, “evitar el sesgo muestral”: ser capaces de representar a una sociedad en su completitud. Nuevamente, Internet puede ayudar mucho a esto.

 

Uno/a podría aproximarse al reto de conocer las necesidades de la sociedad con el enfoque tradicional de las encuestas. Sin embargo, sufren el efecto Hawthorne, y realmente no cumplen las características de la agregación de opinión diversa. Ante estas desventajas, ALC se propone hacer uso de un enfoque digital para recopilar comentarios digitales en sitios web y plataformas de redes sociales. Dichos datos son ricos, abundantes, granulares y están directamente conectados con el comportamiento social, lo que los hace especialmente adecuados para el seguimiento en tiempo real de la actividad social. La escucha social digital es la práctica de rastrear Internet para entender de manera muy específica lo que dicen, lo que piensan y lo que sienten los ciudadanos/as. Para hacerlo de la manera más efectiva, necesitamos una estrategia de qué escuchar y qué no, de modo que podamos maximizar nuestro tiempo, analizar el enfoque y poner en marcha decisiones posteriores. Para ello, se emplean palabras clave concretas que se rastrean, que es el átomo de expresión en Internet.

 

Mostrar la identidad propia y la necesidad de autoexpresión son dos razones muy importantes por las que las personas expresan sus pensamientos en las plataformas sociales y digitales. Si podemos enfocar el análisis en lo que dicen y por qué lo dicen, podremos entender mejor a nuestros grupos de interés y mejorar nuestra relación con ellos a través de este proceso de escucha. Este es el ámbito de las Plataformas de Innovación Social que citábamos anteriormente, y el enfoque de ALC para estas situaciones.

“Una plataforma para el desarrollo de un observatorio de narrativas digitales.”

El objetivo principal es construir una plataforma de innovación social para capturar y analizar datos sociales y comunitarios para comprender mejor y anticipar las necesidades y los desafíos de la comunidad para la toma de decisiones inclusivas. El enfoque de plataforma nos permite analizar los objetos de escucha en su conjunto para identificar las conexiones existentes entre ellos, así como incluir cambios y ajustes internos y externos en el proceso de experimentación en tiempo real, a partir de las percepciones y barreras identificadas entre ellos.

 

Para ilustrar la descripción funcional y técnica, vamos a partir de un ejemplo. Supongamos que una determinada comarca en Euskadi ha vivido un acelerado y sobrevenido cambio de modelo productivo derivado del cierre de una central térmica y de una importante fábrica de automoción, ¿qué oportunidades de regeneración económica existen a partir de la inteligencia colectiva?

 

Los dos componentes integrales de las plataformas de innovación social son la escucha profunda y la interpretación colectiva o sensemaking.

 

En este primer componente, se ponen en marcha herramientas de escucha digital como entrevistas en profundidad, discusiones de grupos focales, indagación etnográfica a través de observación, mapas de empatía, redes sociales, monitoreo de noticias, acciones locales, procesos participativos (fotos, videos, música, gastronomía, etc.) y otros tantos para identificar patrones narrativos. Aplicado al ámbito digital, esto es lo que se puede llamar el modelo de datos, es decir, los datos que se deben recopilar para comprender en profundidad las necesidades. Para ello, un primer trabajo, siguiendo el ejemplo presentado anteriormente, es censar las palabras clave a seguir, tales como “fábrica”, “futuro”, “empleo”, “gobierno”, etc. Es decir, una manera de acotar la conversación digital y ser capaces de capturar los datos relevantes.

 

El segundo componente, denominado sensemaking, se enfoca en generar espacios de deliberación de esas narrativas para interpretar colectivamente percepciones, comportamientos y puntos de vista de la comunidad, y así co-crear una cartera de intervenciones centradas en la persona e impulsar un cambio sistémico a diferentes niveles de acción. Aplicado al ámbito digital, esto implicaría utilizar herramientas de Entendimiento del Lenguaje Natural (NLU) y Procesamiento del Lenguaje Natural (NLP), para detectar no solo los principales desafíos y oportunidades sino también, como se ha mencionado, las conexiones entre ellos.

Estos dos componentes, combinados en tiempo real, permiten obtener alertas tempranas (para detectar percepciones y discursos subyacentes en tiempo real, lo más segmentados posible), así como contribuir a ecosistemas participativos para la resolución abierta de problemas, reuniendo al sector público, al sector privado y a la sociedad civil para el codiseño de mejores (y más rápidas) decisiones.

En los primeros experimentos de escucha profunda en el ámbito digital elaborados en colaboración con Agirre Lehendakaria Center y PNUD, hemos desarrollado un proceso en tres etapas:

El primer paso: la recopilación de datos

 

El primer paso es recopilar las fuentes de datos digitales que pueden ayudarnos a medir una variedad de resultados sociales y de comportamiento. Clasificamos los datos en dos grandes grupos en función de su naturaleza:

El primero, los documentos de texto formales: documentos públicos, entrevistas personales, declaraciones institucionales, etc. Podemos estructurar todos esos documentos, de forma que nos permitan posteriormente aplicar técnicas de análisis de datos para extraer su significado e ideas clave. Se trataría de ver, desde una mirada de la oferta pública, qué planes de regeneración económica se han promovido desde lo público. Así, posteriormente, se podrá ver si existe una relación con lo que la sociedad demanda, y actuar con políticas en consecuencia.

 

Y el segundo, los comentarios digitales o menciones espontáneas en plataformas digitales. Entre ellos, podríamos destacar:

 

  • Escucha de redes sociales: en concreto, Twitter, Instagram y Facebook podrían tener información sobre procesos de innovación de nuestro interés. Son redes donde se producen agrupaciones de interés público alrededor de hashtags o etiquetas clave. Se podrían seguir etiquetas como “el futuro de la región” o similares.

 

  • Búsqueda de Google: comprender lo que las personas buscan permite interpretar qué preocupaciones tienen y cómo las manifiestan. Google ofrece estos datos geolocalizados, por lo que podríamos acotar el proceso mencionado anteriormente.

 

  • Monitoreo de medios: hacer un seguimiento de las menciones de marcas y palabras clave en todos los tipos de medios, desde los principales medios de comunicación hasta los sitios especializados. De esta manera, se recogería también la sensibilidad de los medios a la regeneración de la región a nivel económico y social.

 

  • Wikipedia: supervisar las páginas de interés para ver quién y cómo está editando los principales términos relacionados con ese futuro de la región.

 

  • Seguimiento de sitios web específicos: TripAdvisor, periódicos locales, etc., que dan una idea más especializada sobre el futuro que se pudiera articular.

El segundo paso: el análisis de datos

 

Una buena plataforma se caracteriza por su capacidad de sintetizar las narrativas e identificar qué elementos pueden activar el proceso de innovación, en esto radica el valor añadido del análisis. La minería y el análisis de textos, aplican una variedad de técnicas lingüísticas, estadísticas y de aprendizaje automático a grandes conjuntos de datos para determinar áreas temáticas, palabras clave, categorías y etiquetas que le permitan tomar decisiones basadas en los mismos. Son las técnicas que están por detrás de las IAs generativas que tanto alboroto han causado en este comienzo de 2023. Algunos ejemplos de técnicas de este tipo podrían ser:

 

  • Densidad de palabras clave o Nube de palabras: el número de veces que aparece la palabra clave en el texto. Cuanto más aparece una palabra específica en una fuente de datos textuales (como un discurso, una publicación de blog o una base de datos), más grande y en negrita aparece en la nube de palabras.

 

  • BTM - Biterm Topic Modelling: un bitérmino consta de dos palabras que coexisten en el mismo contexto. Permite el etiquetado de partes del discurso (etiquetado gramatical o desambiguación de categorías de palabras), leer una oración y poder identificar qué palabras actúan como sustantivos, pronombres, verbos, adverbios, etc. Podríamos así filtrar por sustantivos o adjetivos, de la misma forma que podríamos filtrar por los temas específicos que están enfatizando o con los adjetivos calificativos que los acompañan. Es especialmente útil para localizar verbos de acción, que dan una idea de qué políticas se podrían poner en marcha.

 

  • Modelado de temas, agrupamiento y narrativas: un método para la clasificación no supervisada de dichos documentos, similar al agrupamiento de datos numéricos, que encuentra grupos naturales de elementos incluso cuando no estamos seguros de lo que estamos buscando. Nos permitiría detectar nuevas necesidades o planes de futuro planteados, sin necesariamente haber puesto foco de investigación en ello.

 

  • Análisis de sentimiento: identificar reacciones, actitudes, contexto y emociones. Busca comprender la actitud o la reacción emocional de una persona hacia una interacción o conceptos específicos. Se basa en polaridades de palabras, teniendo en cuenta palabras positivas o negativas y descartando las palabras neutras.

 

  • Grafo de bigramas: nos puede interesar visualizar todas las relaciones entre palabras simultáneamente. Podemos organizar las palabras en una red, de tal forma que aparecen contextos semánticos o subredes de palabras que tienden a agruparse. Es lo que popularmente podríamos llamar el “resumen”, al sacar palabras que co-ocurren.

El tercer paso: la visualización de datos para la toma de decisiones

 

La plataforma digital debe permitir la visualización de información clave con el fin de crear una representación relevante. Para lograrlo, se definirán algunos indicadores clave. Los indicadores a utilizar en la extracción de significado, que se nutren de la información recolectada en tiempo real. En lugar de medir unos objetivos, productos y resultados concretos, dispondremos de unas conclusiones emanadas de las manifestaciones espontáneas de la región local de análisis.

 

Estos indicadores pueden detectar posibles cambios en un sistema más amplio. Para identificar indicadores e hitos que muestran si el cambio se está realizando o no y qué tipo de cambios se perciben, se siguen estos criterios en tiempo real:

 

(1) Identificar cuáles de las necesidades y oportunidades, barreras y facilitadores se perciben. Se pueden usar para identificar signos tempranos de oportunidades o desafíos que requieren un análisis más profundo para comprender, y también para identificar tendencias que pueden indicar amenazas u obstáculos potenciales que deben mitigarse.

 

(2) Entender qué cambios significativos están ocurriendo. Es probable que ocurran muchos cambios al mismo tiempo, pero es importante identificar cuáles son los más significativos y por qué. El análisis compartido nos ayudará a identificar y fomentar interconexiones y áreas de mejora.

 

(3) Identificar los cambios a nivel del sistema que pueden indicar un cambio futuro. Esto plantea un desafío para comprender cuándo los prototipos y las condiciones estructurales pueden ser autosuficientes y para comprender qué factores en el sistema podrían señalar cambios futuros.

Observatorios que permiten comprender mejor

Teniendo en cuenta que existe una gran cantidad de datos y documentos disponibles para el análisis (medios, redes sociales, uso de plataformas sociales, etc.), uno de los puntos principales de este proyecto es enriquecer esos datos con datos digitales y sociales. La escucha social digital es la práctica de rastrear Internet para ubicar todas las menciones relevantes en las plataformas de redes sociales, así como otros sitios web que contienen comentarios asociados a lo que es de interés. Para hacerlo de manera más efectiva, necesitamos una estrategia que defina qué escuchar y qué no, y así poder maximizar nuestro tiempo, analizar el enfoque y poner en marcha decisiones posteriores.

 

Las Plataformas de Innovación Social pueden proporcionar información en tiempo real sobre las percepciones sociales que pueden guiar a las autoridades locales y las ciudades, el sector privado y las organizaciones comunitarias en el proceso de codiseño de nuevas soluciones que respondan directamente a los desafíos sociales y económicos emergentes. Estos observatorios nos permitirán comprender mejor temas complejos al escuchar y dar sentido a las dinámicas sociales más profundamente (implicaciones socioeconómicas, cambio climático, cambios en los sistemas alimentarios, movimientos migratorios, etc.). Esta información puede ser capturada digitalmente para alimentar el proceso de co-creación y prototipado bajo un enfoque de innovación abierta.

De esta forma, podemos utilizar el análisis y la recopilación de datos digitales que normalmente se utilizan para vender más, y poner esa tecnología al servicio de la transformación social de territorios.
Artículo de Alex Rayón, publicado en el número 0 de la Revista K

 

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